1º DE MAYO: SINDICALISMO PROVINCIAL O SINDICALISMO NACIONAL
05 de mayo de 2009   
 
··· OPINIÓN
PRIMERO DE MAYO UNITARIO
LUCY RODRÍGUEZ
Primero de Mayo unitario
 

Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.
León Felipe        
 
 
En 1889, el Primer Congreso de la II Internacional, celebrado en París, estableció el 1 de Mayo como día de lucha por la dignidad obrera y la solidaridad internacional entre trabajadores y trabajadoras de los distintos pueblos del mundo. Con este acto se honraba la memoria de los denominados mártires de Chicago, haciendo referencia a los dirigentes sindicales anarquistas que fueron condenados a muerte tras los acontecimientos ocurridos entre el 1 y el 4 de mayo de 1866, en la ciudad de Chicago, que comenzaron con una  huelga para reivindicar la jornada laboral de 8 horas.
Este Congreso supuso un hito en la historia del movimiento obrero, de él emanaron reivindicaciones que marcaron la trayectoria de lucha de muchos años: subsidio de desempleo, protección social y, sobre todo, la instauración de la jornada de ocho horas. Su himno, la Internacional, sigue siendo hoy la voz de los y las pobres, los y las trabajadoras en todos los rincones del planeta.

Pese a su importancia histórica para el movimiento obrero, tras la Segunda Guerra Mundial, la II Internacional entró en crisis, y, finalmente, quebró. La mayor parte de autores y autoras reconocen que, entre 1870 y 1914, en Europa se habían producido importantes transformaciones; el impulso de la tecnología, de los medios de transportes y las comunicaciones dio lugar a un importante desarrollo industrial, modificó los esquemas de urbanización, extendiendo el modelo de vida urbana a millones de personas. Este desarrollo europeo estuvo íntimamente vinculado al avance del colonialismo e imperialismo europeo. Las riquezas extraídas de los países dominados permitieron mejoras en las condiciones de vida de trabajadores y trabajadoras de las metrópolis pero cercenaron los recursos de los pueblos colonizados y empobrecieron sus países. En realidad, a los primeros sólo llegaron migajas de la inmensa acumulación de beneficios que el colonialismo aporto a los capitalistas europeos. Progresivamente buena parte de los dirigentes sindicales de la época justificaron y, finalmente, se beneficiaron de esos recursos, amoldándose a la situación y alejándose del sufrimiento de los más pobres.

En 1899, en Suecia, se firma el primer pacto social entre sindicatos y empresarios, inaugurándose una nueva era del sindicalismo que, posteriormente, las teorías de Keynes consagrarían, la era de la negociación frente a la movilización; de la concertación social frente a la lucha de clases; de la conciliación nacional frente a la memoria histórica.
120 años después del primer encuentro de la II Internacional, sus reivindicaciones parecen más actuales que nunca. Las políticas neoliberales han dado al traste con derechos adquiridos a lo largo de años de lucha, hasta la jornada de 8 horas esta en cuestión. Hoy el mantenimiento de los subsidios por desempleo, servicios y garantías sociales, tales como el mantenimiento de la jubilación, vuelven a estar en el orden del día de las organizaciones sindicales más combativas.
Un hilo invisible une la historia de estos 120 años del movimiento obrero. La institucionalización del sindicalismo en ese esquema negociador y conciliador, ha funcionado como catalizador de las políticas neoliberales, desarmando a trabajadores y trabajadoras de la mejor arma para afrontarlas: la movilización.

Hoy, como hace 120 años, importantes sectores de la población, a nivel nacional, a nivel estatal y a nivel internacional se empobrecen mientras son despojados de sus derechos básicos: el trabajo, la alimentación, la salud, la enseñanza, la libertad de movimiento.  Las sucesivas directivas europeas, legislaciones estatales y práctica política, a todos los niveles, han impulsado medidas favorecedoras de brutales sistemas de explotación, de privatización de los servicios públicos y desreguladoras del mercado laboral.

Nada han dicho y, mucho menos, hecho los grandes aparatos sindicales para combatir esta situación. Por el contrario, desde las Mesas de Concertación Social han apoyado, legitimado y cogestionado todas estas políticas. Aún en la grave situación que vivimos, con un canario o una canaria en paro de cada cuatro, la aristocracia sindical,  fiel a su trayectoria pactista, sigue alabando medidas tales como la entrega de millones de euros a los bancos, cito literalmente de la propuesta de Pacto por la Economía y el Empleo plantado por la Confederación Comisiones Obreras:   
"El Gobierno español ha arbitrado una serie de medidas que, aun yendo en la buena dirección, se han presentado inconexas y con un alcance limitado,......."

Y este Primero de Mayo, de la noche a la mañana, nos encontramos con una llamada a la unidad. Desde un discurso que aparentemente radicalizado se pretende generar un amplio frente para combatir la crisis.

En alguna ocasión oí a Eduardo Galeano decir que "parece que las palabras y los hechos nunca se encuentran y, cuando lo hacen, ni tan siquiera se reconocen porque no se han visto antes". Una práctica de años de traición a los legítimos intereses de la clase obrera no se borra con un manifiesto puntual. Es necesario mirar más allá de las palabras hasta tropezar con los hechos. Tras los discursos, puntualmente radicalizados, hay de buscar, para ser consecuentes, la práctica combativa, las señales que la historia nos ha dejado: Apoyo al proyecto neoliberal de Tratado Constitucional europeo, apoyo a la reforma laboral del 1977, apoyo a la Ley de Extranjería, coparticipación en el último proceso de regulación de personas migrantes que dejó botadas a un millón y medio de personas, y un largo etc., Desde luego, estos hechos nunca se han encontrado con palabras tan radicales.

La unidad, en cualquier ámbito, sólo es posible construirla desde tres elementos complementarios, un cuerpo de ideas comunes, una práctica conjunta que permita crear un acervo común (según la Real Academia de la Lengua española: Haber que pertenece en común a varias personas, sean socios,...) desde el cual construir alternativas, y la honestidad y transparencia suficiente para generar la confianza necesaria que permita alianzas eficaces. Ninguna de estas características las reúne ese frente sindical que llama al Primero de Mayo unitario.

Porque un siglo de historia no se puede borrar de un plumazo. Porque en el caso del estado español, no se pueden olvidar veinticinco años de traición continuada. Porque algunos y algunas pensamos que de esta crisis se debe salir caminando hacia el socialismo y otros y otras lo pretenden hacer con un Pacto de Estado ¿Qué estado? Por la Economía ¿la capitalista? Y el Empleo ¿aún más precario? Porque las praxis sindicales y sociales ya han dicho quién es quién en este país. Porque la honestidad y la lealtad a los intereses de los trabajadores y de las trabajadoras hay que demostrarla día a día. Porque me niego a renunciar al espíritu del I Congreso de la II Internacional, y, a celebrar el Primero de Mayo como el día de lucha por la dignidad y la solidaridad obrera les digo, compañeros, compañeras, con estos versos de Agustín Millares, que no vale.
          
Te digo que no vale
meter el sueño azul bajo las sábanas
pasar de largo, no saber nada
hacer la vista gorda a lo que pasa
guardar la sed de estrellas bajo llave

Te digo que no vale
que el amor pierda el habla
que la razón se calle
que la alegría rompa sus palabras
que la pasión confiese: Aquí no hay sangre

Te digo que no vale
que el gris siempre se salga
con la suya, que el negro se desmande
y diga "cruz y raya"
al júbilo del aire

Vuelvo a la carga y digo: Aquí no cabe
esconder la cabeza bajo el ala
decir "no lo sabía", "estoy al margen"
"vivo en mi torre" y "no sé nada"
Te digo y te repito que no vale 

Agustín Millares Sall

Lucy Rodríguez
Secretaria de Organización de INTERSINDICAL CANARIA
 
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