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19 de junio de 2009   
 
··· OPINIÓN
Continuidad de la esperanza

Deseo hacer hoy un comentario sobre lo sucedido durante estas últimas semanas en que mi nombre ha estado -un gran honor para mí- en la cabecera de la lista de Iniciativa Internacionalis- ta/Solidaridad entre los Pueblos, para el Parlamento Europeo. Descontando las muchas irregularidades observadas y que arrojan ya, cuando estoy escribiendo, el resultado de la «sustracción» de al menos 1.300 votos sólo en la CAV, de manera que se trabaja para formalizar la debida impugnación, al menos de muchos resultados locales, resulta que con los votos reconocidos, de haberse tratado de unas elecciones que afectaran al Estado Español, este recuento habría dado para II-SP doce parlamentarios en Gasteiz, seis en Iruñea y dos en Madrid. (Son datos de este mismo periódico).

Pero no es de eso de lo que va a tratar este artículo, sino que en él quiero expresar que lo que nos ha movido a este trabajo político no ha sido la ilusión propia de unos cuantos ilusos sino el motor de la más legítima de las esperanzas, basada en el legado del mismo Lenin, que, en uno de sus ensayos, nos invitó incluso a soñar. («¡Hay que soñar!»); y también quiero recordar que nosotros hemos llamado «listas hermanas» a las otras, que expresaban un pensamiento de izquierda más o menos radical; y que todo ello ha acreditado un talante que no tiene nada que ver con la politiquería que hoy asola y abruma el ambiente político que se respira a nuestro alrededor; hoy mismo yo me congratulo incluso de que Izquierda Unida haya obtenido (me parece que ha sido así) dos escaños en Europa, y lamento que Izquierda Anticapitalista no haya obtenido ninguno. En cuanto a nosotros, triunfadores en Euskal Herria, vamos a ver qué resulta de nuestras impugnaciones.

Nosotros veníamos diciendo desde mucho antes del 7 de junio que nuestro triunfo era ya un hecho, y que este triunfo era independiente de la obtención o no de algún escaño en Europa. Uno de nuestros más importantes objetivos era «dar voz a los sin voz», y el mero hecho de que la Izquierda Abertzale haya podido alzar la suya durante la campaña en un ambiente de legalidad (aunque muchas veces entorpecida), ya era un signo de ese triunfo. Pero también lo era que hubiéramos conseguido despertar un clima de gran esperanza o, si se quiere, de ilusión. (Sobre esta palabra -ilusión- téngase en cuenta que basta leer el DRAE para encontrar que la acepción 2 de la palabra ilusión es: «Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo», y que la 3 es: «Viva complacencia en una tarea». No es poco en estos tiempos de grandes desilusiones, en los que es deseable ilusionar a las gentes en el sentido que la Academia define así: «Despertar esperanzas especialmente atractivas». Muy próximo fonéticamente, pero muy lejano en cuanto a su significación, está el término «ilusorio», pues lo ilusorio sí que es «lo engañoso, lo irreal, lo ficticio»).

Hemos vivido estas jornadas y ahora vamos a seguir viviendo las que vengan, en los territorios del «entusiasmo» que ya Kant nos explicó que era una noción lejana del fanatismo y no digamos de la superstición, aunque sea cierto que también con el entusiasmo haya que andarse con mucho cuidado, ya que hay ciertamente un entusiasmo «ciego», que puede ocultarnos la realidad y, por ende, entorpecernos el camino de la verdad.

Nuestro triunfo ha empezado, sobre todo, con la movilización de tantas gentes anónimas, valerosas e inteligentes (a las que yo he llamado en otros tiempos «los camaradas oscuros»), y va a continuar, a pesar de las «contundentes amenazas» del señor López -¿vamos a estar, pues, aún peor aún quienes buscamos la paz a través de la negociación y el diálogo?- que acaba de hacer públicas el flamante lehendakari. Hoy por hoy, contamos efectivamente con la gran oleada de solidaridad que se alzó aquí y fuera y hasta lejos de aquí precisamente ante y contra la anulación de nuestra lista por el Tribunal Supremo.

Entonces se hicieron visibles y se pusieron de relieve los nombres de algunos de los héroes ocultos que trabajaron por la creación y la puesta en marcha de esta lista -que en ningún momento ha sido «la lista de Sastre»-, entre quienes sólo voy a citar a unos pocos: Carlo Frabetti , Doris Benegas, Ángeles Maestro, Luis Ocampo, Josep Garganté y José Luis Méndez Ferrín (que un día será portador del Premio Nobel para la literatura gallega)... Entre los apoyos que hemos tenido los hay tan inestimables como el portavoz de la Izquierda Abertzale, Arnaldo Otegi, en quien tantas esperanzas tenemos depositadas los fervientes partidarios de la paz -¡que no de la pacificación!- en Euskal Herria; los de Adolfo Pérez Esquivel, Carmen Bohórquez, Atilio Boron, Julio César Guanche, Michel Collon, Franz Hinkelammert, Gilberto López y Rivas, James A. Cockcroft, Jorge Enrique Adoum, José Vicente Rangel, Winston Horrillo, Carlos Aznárez y varios centenares de camaradas latinoamericanos. De nuestra área ibérica están presentes en nuestros corazones compañeros como Santiago Alba Rico, Carlos Fernández Liria, Luis Alegre Zahonero, Antonio Álvarez Solís, Andrés Vázquez de Sola, Antonio Maira, Cristina Maristany, Montserrat Ponsa etc.; y Jesús Prieto, Ramón Sola, Manuel M. Navarrete, o esta documentada voz canaria: la de Francisco Javier González; o los escritos de Pedro Antonio Honrubia, Matías Escalera etc., o los de vecinos vascos tan queridos como Jon Maia, Jon Odriozola, Josu Juaristi -que puso las páginas de GARA a nuestra disposición-, Santi Duñaiturria, Fito Rodriguez, Mikel Arizaleta, Joxe Austin Arrieta, etc. etc. etc.

Contra la anulación de nuestra lista por el Tribunal Supremo hubo manifestaciones tan valiosas como las de Julio Anguita, Francisco Fernández Buey etc. o, en otro plano, la del periodista Pascual Serrano, y otras muchas, que nos parecieron testimonios democráticos independientes de nuestras diferencias ideológicas y que nosotros consideramos también como verdaderos apoyos, más o menos distantes, eso sí, y agradecimos como de gran valía para nosotros.

El caso de Pascual Serrano me ha producido, pues, una honda tristeza cuando ha publicado, después del escrutinio, un artículo que firmado por otra persona hubiera estimado como un panfleto infame, pues es una burla del entusiasmo que prendió en grandes zonas de la izquierda radical y que él ha definido como un «frenesí» («delirio furioso, violenta exaltación y perturbación del ánimo», DRAE), y que describe, entre otras lindezas, como una unión con «los grandes partidos para pedir el voto en un proceso de conversión estratégica impresionante»; «frenesí por el voto e ilusión por la fiesta de las urnas», dice, y añade que nosotros nos presentábamos como «una señal de la inminente toma revolucionaria del poder» (http://www.magec.info/spacer.gif). Etc, etc. Es una burla de la extraordinaria campaña que se ha realizado en las peores condiciones imaginables y, en definitiva, de los votos de oro que ha tenido nuestra lista. Es una mofa burda de lo que yo llamé nada más, pero también nada menos, «el despertar de una esperanza». El artículo que estoy citando no tiene desperdicio, o, mejor dicho, todo en él es un miserable desperdicio. De semejante calaña es la respuesta que PCPE dio a una -equivocada o no- bienintencionada propuesta que hizo a las candidaturas hermanas nuestro compañero Josep Garganté.

P or lo demás, esta es una historia que acaba de empezar. II-SP no se va a disolver como un azucarillo. Nuestra gente está trabajando, y Doris Benegas, como la gran abogada que es de causas difíciles, tiene ya mucho que hacer ahora mismo para la denuncia de las evidentes irregularidades cometidas, en las que se nos han robado muchísimos votos. Por su parte (es otro ejemplo nada más), Ángeles Maestro acaba de escribir cosas como ésta: «Vamos a consolidar esa avalancha de unidad y esperanza que ha hecho posible que las organizaciones más diversas entendamos que cada una de nosotras no somos suficientes para alumbrar lo necesario y que juntas somos mucho más que la suma de todas: la posibilidad de articular la fuerza de clase y de pueblos necesaria en estos momentos». (Este artículo ha aparecido en «Rebelión», como otros muchos que nos mostraron simpatía y solidaridad. ¿Estaría Pascual Serrano ausente cuando se programaron, o no le parecieron entonces tan delirantes y furiosos?).

Acabamos de empezar y lo hemos hecho bien; y nuestro entusiasmo vamos a administrarlo nosotros. Estamos en la línea de «un socialismo del siglo XXI», en la que, por ejemplo, las viejas dicotomías -como aquellas entre marxistas y libertarios, científicos y utópicos, justicia y libertad, lucha de clases y ecología...- no podrán reproducirse. Por eso decimos «aurrera» y clamamos no desde la locura sino desde la razón entendida en su más riguroso sentido kantiano y basados en la nueva noción de defensa de la utopía que hoy empieza a ser vigente como una lucha por posibilitar lo que no es que sea imposible sino que está imposibilitado por los intereses del gran capital. Aleluya, aleluya, digo con mi puño cerrado, que no es -ni nunca lo fue- una amenaza sino un canto a la unidad entre los hermanos.

Alfonso Sastre
 
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