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15 de enero de 2010   
 
··· OPINIÓN
Necesitamos izquierda nacionalista

Las organizaciones políticas son todas distintas, aunque algunos, fundamentando su ignorancia o repartiéndola entre los demás, se empeñen en hacer correr la máxima de que “todos los políticos y sus partidos son iguales”. Nada más lejos de la verdad ya que, hasta los que pretenden encubrir su línea ideológica, asociándose a un “centro”, que en política nunca existió, no tardan en demostrar quienes son desde que empiezan a actuar.

    En una sociedad basada en la propiedad privada de las fuerzas productivas nunca pueden existir elementos “neutros”, y menos los relacionados con la conciencia productiva, es decir, con la capacidad de creación de valores de uso. Nos decía Iñaki Gil de San Vicente, en su artículo “Porqué soy comunista e independentista”[1]  y no le faltaba razón.   

Evidentemente, el autor citado no ha dudado hacerse eco de la falsa que la sociedad capitalista denomina “clase media”, concluyendo, como era de esperar, en que se trata de una fracción deliberada de la clase obrera poco más favorecida, acercada premeditadamente a la burguesía para amortiguar el choque de clases: para difuminar con “escala de grises” las diferencias sociales que, en el prototipo liberal, tienden a crear una grieta social cada vez más evidente, donde todo el empeño de “estabilidad” se limita a favorecer y pregonar los equilibrios que ésta, la parte más favorecida de la producción, hace para aproximarse y aspirar a la clase alta. Consiguiendo entre tanto aspirante más de un colaborador, cual garante de la perpetuidad de dicho modelo social.

A la burguesía, acomodada en el sistema, no le ilusiona ningún tipo de cambio de cuyo reparto  pueda participar la mayoría. Conscientes de que entre tanta gente son insignificante minoría, ven peligrar su situación económica y por lo tanto social, por lo que su posición de colaboracionistas con el régimen colonialista adquiere toda la lógica de quién pretende mantener su estatus con el menor riesgo posible.

 De camino, su ejercicio del nacionalismo se aproxima tanto al modelo que se descalifica fácilmente por los altavoces de la metrópoli que, realmente, solo consigue dañar el verdadero movimiento de liberación nacional que, en casos como el Canario, debe llevar de forma ineludible el ingrediente que lo defina como “Movimiento de liberación Nacional y Social” si de verdad vamos a construir una nación para la mayoría de la ciudadanía y no sólo para una minoría selecta.

Como alternativa tenemos el nacimiento natural de una izquierda nacional canaria. Una opción política aglutinadora de mayorías, caracterizada por un proyecto nacional integrador, no excluyente, de continua acción social, donde las teorías ideológicas de izquierda se pueden aplicar a posteriori, en el análisis de cada acción que forma parte de una oleada arrolladora desencadenas desde las bases populares, e imposibles de prevenir desde ningún análisis u organización. Son esas luchas independientes las que le dan forma, continuamente, a la verdadera izquierda nacional canaria, al nacionalismo del Pueblo.

La organización legitimada popularmente no se puede permitir jugar a hacer apariciones estelares, pretendiendo ganar réditos políticos de las acciones populares o usurpando representaciones en el movimiento social. La verdadera organización de la izquierda nacionalista se encuentra perfectamente representada en cada lucha popular, admitiendo los mismos fines y dejándose utilizar, enviando a sus militantes a apoyar de forma anónima o personal. Porqué esta organización, admite que todo el pueblo no tiene que ser “el partido” y que un nuevo concepto de izquierda, más amplio, tiene que asentarse para refrescar la historia y devolver el poder a los Pueblos.

 

[1]¿Qué por qué soy comunista e independentista?

Pedro González Cánovas
 
Opinión
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