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06 de agosto de 2010   
 
··· OPINIÓN
FÚTBOL, BANDERAS Y BANDERÍAS


 

De pequeño me gustaba el fútbol. Un fútbol que aún tenía sabor inglés con el uso de vocablos británicos acanariados como “fao”, “corner” y “orsay” o el ya españolizado “penalti”. Tenerife contaba entonces con varios clubs. Los que mejor recuerdo eran el de mi ciudad, el “Real Hespérides”, los de Santa Cruz, “Price”, “Toscal”, “Iberia” y el “C.D. Tenerife”, además del “Puerto Cruz”, mientras que en Gran Canaria competían otra serie de ellos de los que los más conocidos a nivel del archipiélago eran el “Atlético”, el “Arenas” y, sobre todo, el “Marino” y el “Victoria”. El piberío lagunero conocía al portero Cándido y a  los Florencio, Agustinada, Anita, el Piña, y a Melquiades Álvarez –que años después sería primero profesor y luego compañero mío en el Claustro del Instituto de Canarias, hoy “Cabrera Pinto”- o a D. Jacinto Arzola, entrenador y jugador, y también luego estimado profesor y compañero que tuvo el dudoso privilegio de compartir con mi tío Luis el hotel gratuito que durante años les financió el fascismo en los Salones de Fyffes. Conocíamos también a otros anteriores como D. Victoriano Ríos (padre), practicante que agujereó traseros y eliminó callos de la mitad de los laguneros.

Los equipos canarios entonces no jugaban en ninguna de las categorías o competiciones españolas, salvo la llamada “Copa de España” (antes y después “Copa del Rey”) que jugaba el campeón de la copa de Canarias resultante del cruce de los primeros de las ligas de Tenerife y Gran Canaria. Esos mis recuerdos de entonces van ligados a domingos en el césped del Campo de la Manzanilla, con los ánimos del mayor entusiasta aficionado al Hespérides y ferviente adorador de Baco, “Panchito”, con sus “¡Arriba Hesperidito que tú serás campeón! que el público coreaba cantando “Como Dios pintó a Perico” sin que nunca supiera quien fue el tal perico, y a los domingos del Campo del Peñón, de reseca tierra polvorienta, donde jugaba el Portuense que se remataba con paseos por la Ranilla hasta la Plaza de Charco a coger la guagua.

Precisamente en esos años finales de los 40 los equipos de Gran Canaria, con idea de competir en la Liga Española de fútbol, deciden unir sus fuerzas y constituir la Unión Deportiva Las Palmas. Siguiendo su ejemplo se realizan reuniones entre todos los equipos de Tenerife para constituir la Unión Deportiva Tenerife, pero el representante del C.D.Tenerife, -creo que se llamaba Arocena- se negó a la unión. Es más, logró con amenazas que algunos de los jugadores de otros clubs se negaran a participar en el proyecto que, finalmente, cuajo con todo el resto y así Price, Toscal, Iberia, Puerto Cruz (Portuense) y Hespérides formaron la Unión Deportiva Tenerife que, para su ingreso en la 2ª División de la Liga, tenía que eliminarse con un equipo español después de quedar campeón de Tenerife. Para los jugadores cotidianos de pelotas de trapo que éramos los críos de mi barrio,  comprendido entre el Campo de la Manzanilla y la Plaza del Cristo -entonces explanada de tierra con el proyecto de “Templete” central que el Orfeón La Paz comenzara con la República Española y que murió inacabado- aquello era un acontecimiento sin parangón, porque la vivienda de los jugadores de la U.D.Tenerife que venían tanto de Gran Canaria como del interior de la isla, entonces escasa de comunicaciones, estaba en su centro, casi al lado de mi casa, en la calle Juan de Vera, entre la venta de Dª Adela y el guachinche de D. Pancho “Carasable”, y cuando salían a los entrenamientos se establecía toda una procesión de acompañamiento de críos entre los 8 (entre los que me contaba) y los 14 años hasta el Campo donde, sentados en las gradas de cemento, admirábamos las evoluciones de nuestros balompédicos héroes.

Llegó el partido decisivo en la Manzanilla con el Levante.  Había, al menos, que empatar el partido y ganaba el equipo español por 2 a 1 y pitan un penalti a favor de la U.D.Tenerife. Lo tira un jugador que el público protestaba porque se le suponía un infiltrado del C.D.Tenerife para hacer fracasar el proyecto y ¡lo falla por kilómetros! esfumándose el deseado ascenso y con él la ilusión de los aficionados. Una vez en mi casa, mi padre, que era tesorero de la recién fundada Federación de Lucha Canaria, se prometió que no volvía a un partido de fútbol y dedicó sus esfuerzos deportivos a la Lucha y al casteo de gallos de pelea, aficiones que, esas si, le duraron toda su vida. Se cerró la casa de la U.D. y se disolvió la Unión cuando al año siguiente el C.D.Tenerife logra esa plaza en la 2ª División y el propio Hespérides se quedó, además de en la memoria de los laguneros, en la Agrupación Folklórica Real  Hespérides encabezada por Ito Hdez. Arvelo y su hermano Antonio “El sargento”, el Club de Luchas Real Hespérides –de gloriosa historia- y el Club Colombófilo del mismo nombre. La capital tinerfeña fue incapaz políticamente de ceder su predominio a otras manos, aunque solo fuera a nivel futbolístico. Ese día de mi niñez entendí lo que era el fútbol profesional como supuesto deporte y su cara política más abyecta, lo que unido a mis escasas dotes para su práctica cuando los balones “de reglamento” sustituyeron a las callejeras pelotas de trapo, me orientaron a deportes más limpios como la Lucha y aún cuando no recuerdo haber prometido nada, tampoco he vuelto a ver en un campo ningún partido de fútbol que no sea estrictamente amateur.

Hoy el fútbol ha evolucionado. Como la sociedad. El capitalismo y el poder político van de la mano para sacar partido de la nueva pseudoreligión futbolera. Ya no son los “balones de reglamento” que eran obligado regalo de unos Reyes Magos que han quedado obsoletos. Ahora los niños piden consolas o ipodes, mientras que los escasos que siguen pidiendo un balón lo hacen por un Jabulani o, mejor aún, por la versión dorada del de la final mundial, el “jo’bulani” y una camiseta de “la roja” con una estrellita de campeona. El poder es otra cosa que los niños. No piden regalos ni de reyes ni de cumpleaños. Nos han mermado –cuando no eliminado- el pan, pero nos han incrementado el circo. Los cálculos acercan a los mil millones las personas que en el planeta estaban pendientes del rodar del dichoso jo’bulani. En Europa fue un tercio de su población y en España, colonias incluidas, unos 37 millones de espectadores se desgañitaron gritando ¡Goool! y saltaron al nuevo ritmo del “yo soy español, español, español” aunque a los dos días salieran a la calle en Barcelona con la estelada pidiendo su independencia, o en Compostela el 25 daban vivas a Galicia Ceibe o salían aquí, en la colonia, con la tricolor heptaestrellada donde unos días antes nos inundaba un mar de camisetas encarnadas y banderas de la monarquía colonial. Evidentemente que esta marea encarnada –que no tiene nada de roja- será, como todo lo efímero, flor de un día, pero el Estado -y su gobierno de un rojo desteñido a un apacible rosa- han aprovechado al máximo los innegables triunfos deportivos en fútbol, tenis, baloncesto o ciclismo para exacerbar un alicaído e inexistente “espíritu nacional” por el que suspira no solo una derecha ultramontana y reaccionaria sino una cierta izquierda centralista y miope, pero no es menos evidente que el nacionalismo aquí, en Canarias, con nuestro propio sentido nacional y de clase fuertemente mediatizado por  la dependencia colonial de siglos, nos costará un gran esfuerzo didáctico recuperar el daño que la propaganda agresiva de la que ellos mismos denominan como “la Marca España” causa en un pueblo que no ha superado su alienación y su acusado síndrome de colonizado. A esa marea sentimental invasora y a sus probables réditos políticos se ha sumado ¡como no! y con redoblado entusiasmo toda la burguesía depredadora dependiente. El Gobierno de Canarias (sic) ha concedido a los dos canarios de la Selección Española la Medalla de Oro de esta tierra. Lógico. También se la concedió en su día a la Legión Española y por el mismo mérito: el de reforzar “nuestra” españolidad. El Cabildo tinerfeño nombró a Pedrito-Pedro-D. Pedro como Hijo Predilecto, algo similar a lo del Ayuntamiento de Galdar con Fernando Guanarteme, y como remate se han traído a la colonia una réplica –no se si en plástico o cartón piedra- de la Copa del Mundo, claro está que con el apoyo de entidades bancarias que también usan en beneficio propio la adoración del nuevo santo grial imperial hispánico. ¡Cosas veredes, amigo Sancho, de este gobierno nacionalero canario!

Mi idea infantil de la perversa relación entre poder y fútbol se ha hecho más real. Es más abyecta y brutal que nunca. De nosotros y de nuestra lucha tenaz dependerá romper esa relación recuperando para el fútbol lo que es del fútbol, aunque sea de patio de colegio, y para la política y la nación lo que en realidad nos corresponde: La independencia nacional y la dignidad social y personal.

Francisco Javier González

Gomera a 30 de julio de 2010

Francisco Javier González - hautakuperche
 
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