OTRA POLITICA ECONOMICA, OTROS OBJETIVOS SOCIALES : ANTECEDENTES DE LA ACTUAL CRISIS ECONÓMICA (I)
17 de mayo de 2008   
 
··· OPINIÓN
ANTECEDENTES DE LA ACTUAL CRISIS ECONÓMICA (I)


A veces se tiene la impresión de que la mayoría de los ciudadanos, están confusos ante la crisis que se ha desatado.

 

A la vista del esfuerzo financiero desplegado por los bancos centrales, deben intuir que se trata  de una crisis de un calado muy serio y a tenor del efecto que tiene sobre sus bolsillos, perciben que va a hacerles más daño de lo que las autoridades quieren reconocer.

Aunque todo el mundo habla de la crisis, hay muy pocas ideas claras que permitan a los ciudadanos, saber a ciencia cierta lo que está pasando.

 

Normalmente los economistas ortodoxos y la mayoría de los dirigentes políticos nos quieren hacer creer que las medidas económicas que toman son siempre las correctas y las más acertadas y que responden a criterios “científicos y técnicos” indiscutibles y que no se pueden poner en cuestión. Pero la realidad es tozuda y cuando todos los datos y las cuentas se descuadran, cuando las economías saltan por los aires, se callan, como si nada ocurriera.

 

Su silencio va dirigido a que nos creamos que lo que sucede es algo normal, que no pasa nada y que todo debe seguir, por tanto, exactamente igual que estaba, evitando plantearlo como un problema POLITICO ( que es lo que en realidad es), para que los ciudadanos no nos pronunciemos sobre sus causas, responsabilidades y soluciones.

 

De acuerdo con las leyes de su desarrollo histórico, el sistema capitalista se basa en dos pilares esenciales: la búsqueda de rentabilidad (la ganancia y concentración de riquezas en pocas manos, que conforma la base de formación de los monopolios) y la competencia por los mercados (la dinámica por la cual los monopolios capitalistas compiten entre sí).

 

La actual crisis financiera, tiene sus precedentes: el malestar del sistema monetario europeo en 1992/93, el shock mexicano de 1995/96 o el crac de hace una década en el sudeste asiático, crisis financieras y monetarias con ramificaciones globales, quien se tome las molestias de analizar las causas y los efectos de ellas, descubrirá el paralelismo con los desvencijados mercados financieros de nuestros días.

 

A mediados de los 90, Tailandia, Malasia, Indonesia o Singapur, experimentaron , a diferencia de la economía japonesa en estado crítico, un boom sin precedentes históricos. El volumen de crédito de esos países, creció parcialmente entre ocho y diez veces más rápido que su PIB. Una parte en contínua expansión de esos créditos fue a parar a la compra de acciones y de propiedades inmobiliarias.

 

No se escatimaron medios-elevadísimos tipos de interés y cambiarios-para atraer capital extranjero.

 

Ciertamente el capital extranjero, afluyó en masa, pero no en forma de inversiones directas y duraderas, sino en depósitos monetarios a corto plazo y retirables en cualquier momento. Los disparatados precios de las acciones y de las propiedades inmobiliarias, calentaron más si cabe el boom crediticio y los bancos de estos países se endeudaron masivamente con préstamos en dólares y yenes, a corto plazo, financiando, en la creencia de que el boom de las acciones y del sector inmobiliario se mantendría, créditos a largo plazo en moneda local.

 

Cuanto más se mantenía el boom, tanto más se débil se tornaba el conjunto.

 

Al final los Bancos Centrales, de los países asiáticos solo disponían de menguadas reservas de divisas extranjeras, demasiado menguadas, para poder restituir los créditos extranjeros en casos de crisis.

 

El primero en entrar en crisis, Tailandia, en marzo de 1997, a los primeros signos de una sobreproducción en las industrias exportadoras de componentes para ordenadores y que eran ya inconfundibles, de modo que cayeron los ingresos por la exportaciones y la moneda tailandesa perdió un 20%, lo que desencadenó la consiguiente huida de capitales.

 

Los créditos a corto plazo concedidos por la banca extranjera se devolvieron en masa, en menos de seis meses más 100 mil millones de dólares.

 

Simultáneamente, a causa de la devaluación de la moneda local la deuda exterior de las empresas y bancos tailandeses se disparó y no podían pagar las obligaciones contraídas en moneda extranjera.

 

Este virus se extendió rápidamente por Malasia, Singapur, Indonesia, Filipinas etc..los valores bursátiles se desplomaron en pocos días, perdiendo más de un 60% de su valor (en el cambio de 1997/98 más de 600 mil millones de dólares en capital accionarial  habían sido aniquilados).

 

Países como Taiwan, Corea del Sur y Hongkong, que hasta entonces habían permanecido al margen de ataques especulativos, entraron en barrena.

 

La burbuja especulativa había estallado, provocando quiebras empresariales y desempleo, el crac, significó para los países afectados la expropiación a millones de personas que habían participado en el proceso con medios modestos y que terminaron por perderlo todo.

 

Muchos de estos países, recibieron las ayudas financieras aportadas por el FMI y otros proveedores de dinero, evidentemente bajo las más severas condiciones, elevados tipos de interés, impuestos altos, recortes masivos en le gasto público y ulteriores devaluaciones monetarias.

 

Esta receta no pudo ser más contraproducente condujo a millones de seres humanos al desempleo y a un masivo empobrecimiento, del que todavía no se han recuperado plenamente.

 

Como ven hay cierto paralelismo, con la situación actual. También entonces jugaron unas propiedades inmobiliarias sobrevaloradas un papel capital, también entonces, los bancos concedieron créditos por doquier, sin preocuparse demasiado por su calidad, también entonces jugaron los fondos de inversión un gran papel.

 

Desde la crisis asiática sabemos que los mercados financieros son cualquier cosa menos “eficientes”. Al contrario, el radical desmantelamiento de todos los controles del movimiento de capitales, emprendido también con celo por los países en el umbral del desarrollo, los torna más vulnerables que nunca a los movimientos especulativos de capitales a corto plazo.

 

Desde entonces sabemos de los riesgos que corren las estrategias de desarrollo puramente orientadas a la exportación y sometidas a los créditos del exterior.

 

Y resulta meridianamente clara que la óptica político-financiera  que encarna el F.M.I. daña más que ayuda.

 

A nadie se le ocurres en la presente crisis pedir auxilio al FMI o al Banco Mundial, pues ambos están ocupados     consigo mismos, con sus miserias financieras.

 

Ahora que la recesión ha llegado al centro de la economía mundial, sus dirigentes, entran en la espiral del pánico, perciben que sus acciones   son ineficaces o incluso contraproducentes: los recortes fiscales, bajas en la tasa de interés, traerán más déficits y deudas y si llegan a tener algún éxito, aunque sea mediocre, alentarán la inflación, en ambos casos impulsarán la depreciación internacional del dólar.

 

La recesión y la inflación llegan juntas porque la crisis financiera converge con la crisis energética que hace subir el precio del petróleo arrastrando hacia arriba a un amplio abanico de materias primas.

 

Los costos de producción aumentan no sólo cuando crece la economía mundial y en consecuencia la demanda de esos productos sino también cuando la misma se estanca e incluso cuando decae y esto es así porque la extracción petrolera global está llegando a su máximo nivel y detrás d ella las de otros recursos energéticos no renovables como el carbón y el uranio. Y como sabemos el reemplazo del petróleo por los biocombustibles lleva al rápido encarecimiento de los precios  de la producción agrícola, en especial la de alimentos.

 

Hasta hoy la globalización era presentada por la propaganda neoliberal, como una trama de la que nadie podía escapar, ahora y sin mayores explicaciones se dice todo lo contrario, la red global permitiría al parecer salir del desastre a una amplia variedad de países de economías desarrolladas las incluyen en la lista de sobrevivientes del naufragio norteamericano, incluso en numerosos países periféricos, los gobiernos tratan de tranquilizar a sus poblaciones explicándoles que gracias al nivel de sus reservas (dolarizadas) y otras bendiciones del destino, esa nación no será afectada por la recesión estadounidense.

 

Pero resulta que para desgracia de los neoliberales, las interdependencias económicas mundiales son tan densas como lo estamos comprobando a diario, no hay manera de desconectarse de las sacudidas estadounidenses en materia bancaria, bursátil, etc. del funcionamiento financiero internacional.

 

La burbuja inmobiliaria norteamericana fue la vanguardia de una variada serie de burbujas similares, en distintos lugares del planeta, países como España, Inglaterra, Holanda, Australia, Irlanda, Nueva Zelanda, etc. son parte activa de esta fiesta.

 

En definitiva se trata de una trama internacional muy compleja en cuya cúspide se encuentran las élites dirigentes de los Estados Unidos y numerosos países ricos mientras que en la base se agolpan los excluidos y trabajadores superexplotados de la periferia  y una creciente masa de empobrecidos de las regiones industrializadas.

Vicente Quintana - consejonacional
Secretario de Organización de UNIDAD DEL PUEBLO
www.unidaddelpueblo.org
 

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