Colombia: la crisis humanitaria en es mucho más grave de lo que parece
23 de enero de 2008   
 
··· OPINIÓN
Colombia: la crisis humanitaria en es mucho más grave de lo que parece

La lectura de unas declaraciones del senador Petro a Unión Radio1 me dan pie para hacer un análisis algo más detallado de la situación colombiana.
En primer lugar, de sus declaraciones se deducen una serie de conclusiones a las que ha llegado el senador que resultan si no equivocadas, al menos confusas:
Para empezar entendemos, y no nos hagamos ahora los sorprendidos, que cuando el presidente venezolano y la senadora Piedad Córdoba toman la decisiónm de intervenir en la grave situación que atraviesa el país, su objetivo era más ambicioso que un simple canje de prisioneros. Creo que eso resulta obvio para cualquier observador que haya seguido la situación colombiana de algún tiempo a esta parte. Los dos son políticos ya experimentados y saben bien que su labor humanitaria no alcanzará sus frutos definitivamente si se reduce sólo a eso, a “humanitaria”, y si no se va más allá para tratar de resolver también las causas que han conducido a esa crisis. Las “causas” son el nudo gordiano de toda crisis humanitaria. Hay que lograr deshacer ese nudo, de lo contrario la crisis se reproducirá una y otra vez. Por otra parte, el conflicto colombiano ya está desbordando sus fronteras, afectando a todos los países de su entorno pero, especialmente, a Venezuela y Ecuador.
La crisis humanitaria colombiana, tal y como se está presentado ante el mundo parecería que se reduce la situación de las personas en manos de las FARC. Pero esto es sólo una parte, la punta del iceberg de la enorme crisis humanitaria en que se encuentra Colombia. La otra parte, sumergida, es la de los cuatro millones de desplazados, desposeidos de todas sus propiedas por un sistema que dice defender ante todo la “sagrada propiedad privada”, - ¡casi el 10% de la población total del país!- que ha originado la política agraria de concentración de tierras, conscientemente planificada y apoyada por el gobierno por medio de leyes dictadas ad hoc, tierras que han ido a parar a manos de paramilitares y narcotraficantes, convertidos en terratenientes de la noche a la mañana, y a empresas agroindustriales, mineras, petroleras, turísticas, etc.
Habría que incluir también en esa otra parte no visible de la crisis humanitaria a los miles de detenidos -cuando no asesinados- bajo acusación de rebelión y de connivencia con la guerrilla. Y para concluir, ¿por qué no? también a los miles de jóvenes que se enrolan en las guerrillas porque deciden resistir los desplazamientos y expropiaciones de las tierras, porque nunca poseyeron nada y por espíritu de rebeldía ante la injusta situación del país y, digámoslo, “con lo mal que se come en la guerrilla, al menos se come”. Todo eso es el gran problema de la crisis humanitaria que también hay que resolver en Colombia. Sumando todo esto se comprobable que la crisis humanitaria colombiana tiene unas dimensiones mucho más gigantescas que las que han aparecido en los ultimos días en la prensa mundial.
Ante esta situación el senador Petro debería llegar a la conclusión de que si se quiere resolver el problema, no se puede separar lo que él llama “crisis humanitaria” del “proceso de paz”, por dos razones: primero, si se separan se habrá resuelto sólo una parte de la “crisis”; segundo, si se separan se resolverá la crisis sólo momentáneamente pero volverá a reproducirse de inmediato. De ello podríamos concluir que el canje sería un primer paso, un gesto de buena voluntad de ambas partes que mostrarían así su interés y buena predisposición para iniciar la búsqueda de la solución definitiva. Y sin duda eso es lo que pretenden el presidente Chávez y la senadora Piedad Córdoba en su empeño por buscar una salida.
Otra cuestión muy diferente que plantea el senador Petro es sobre la cualidad revolucionaria o no de las FARC. Dice Petro: “los prisioneros de las FARC son civiles, en buena parte mujeres” y cuestiona que “ su política .... pueda ser llamada de revolucionarios”
En primer lugar, la mayoría de los prisoneros en manos de las FARC no son civiles sino militares y policías que empuñaban las armas contra los insurgentes y que deberían estar protegidos por la Convención de Ginebra pero que no lo están porque, según el presidente Uribe, “en Colombia no hay guerra”, con lo cual deja en absoluta indefensión a las tropas que caen en manos enemigas, hasta el punto de que el mismo Estado colombiano no parece saber quienes ni cuantos son. Y si bien es cierto que hay un grupo de prisioneros civiles, estos están ligados a cargos políticos.
Lo más sangrante y que no dice el senador Petro, es que las reivindicaciones de los familiares de los presos en manos de la guerrilla, que han conformado las organizaciones en pro del Intercambio Humanitario más combativas y visibles en el país, curiosamente las reivindicaciones y súplicas de estos familiares han sido dirigidas sobre todo al Estado colombiano por su falta de sensibilidad y de respuesta ante la situación, manifestando siempre su desacuerdo y preocupación con la única propuesta de solución dada por éste, la del rescate por la vía militar, lo que pone en grave riesgo sus vidas.
En lo que se refiere a la degradación de la guerra, la guerra en sí misma es una degradación, la guerra en sí misma es criminal. Pero, además, en el caso de Colombia, pruebas hay hasta abrumar, el primero en degradarse fue el Estado por tolerar y/o solicitar la injerencia extranjera en asesoramiento represivo y ayuda material; por organizar y utilizar la más que demostrada connivencia entre el ejército y los grupos paramilitares y sus métodos aberrantes; por dejar en la absoluta desprotección a la población civil bajo la excusa de su “connivencia con la guerrilla”; por haber permitido durante años la persecución y el exterminio de organizaciones que decieron abandonar las armas para entrar en la contienda política y por haber tolerado la intromisión y permeación en la política de los carteles del narcotráfico y el paramilitarismo. Dada esta situación no se puede decir que hoy en día que el Estado colombiano pueda ser considerado un Estado de Derecho. En consecuencia, la guerra degrada a todos, pero a unos más que a otros, porque es el Estado quien tiene la obligación de garantizar las vidas de sus ciudadanos y de asegurarles unos mínimos materiales que les permitan una vida digna, y sobre todo, es al Estado a quien se le ha dado el mandato de conservar la respetabilidad de las instituciones de la República.
Otra afirmación del senador Petro es la de que "las Farc hoy piensa que es posible tomar el poder en Colombia por las armas y así lo ha pensado hace 40 años". No se deduce así de los documentos que esa organización insurgente ha venido emitiemdo desde la época de la negociación en el Caguán. Si se leen atentamente se interpretará que las FARC de lo que hablan es en numerosas ocasiones hacen propuestas invitando a solucionar el conflicto por otras vías distintas de las armas. Véase por ejemplo, “Por una convergencia y Acuerdo nacional” documento emitido por el Secretariado el pasado mes de septiembre.
También las FARC definieron claramente su posición frente a la posibilidad de la finalización de la guerra en Colombia a través de un documento llamado "Diálogos de Paz"2, presentado en el transcurso de las conversaciones entre el presidente Andrés Pastrana y la organización guerrillera. En dicho documento las FARC exigían "voluntad política de la clase dominante para aceptar la necesidad de encontrar en la mesa de diálogo fórmulas originales que nos permitan rediseñar la Colombia actual; refundar la nación sobre la base de un gobierno patriótico, pluralista, que se comprometa con la ejecución de un programa de profundo contenido democrático en lo económico, político y social. Que corte de raíz las ataduras que nos ligan al pasado y nos niegan el derecho a constituirnos como nación independiente y libre de las imposiciones imperialistas. Una nueva Colombia digna y soberana, cuyo sistema económico tenga entre sus propósitos insertar la nación en el movimiento económico mundial para beneficios de los colombianos todos y no de una élite corrupta ligada a los intereses de los monopolios y las transnacionales. Un sistema económico que ponga al servicio de la nación los adelantos tecnológicos y científicos del mundo actual; que parta del diseño de un plan de desarrollo estratégico que nos saque del atraso y de la dependencia económica. Una nueva Colombia cuyo régimen político esté basado en la tolerancia y el respeto por las diferencias. Que acabe con la doctrina estatal de seguridad nacional. Que ponga fin a la costumbre de la casta politiquera liberal-conservadora de derrotar al opositor político con dos tiros por la espalda. Que permita el libre juego de las ideas para que Colombia se exprese en toda su multiplicidad y riqueza de matices. Una nueva forma de sociedad fundamentada sobre los principios de la solidaridad, la fraternidad y el humanismo, cuyo Estado tome en sus manos la satisfacción de las necesidades básicas de los ciudadanos sin distingos de ninguna clase. Así entendemos en las FARC-Ejército del Pueblo la solución política del conflicto armado".
Tal vez sucede que la gran mayoría de la clase política colombiana hace oídos sordos y en eso también hay una gran responsabilidad de su parte.
Por último, en lo que sí estamos de acuerdo, por fin, con el senador Petro es en que el problema no es humanizar la guerra sino acabarla.
 

NOTAS

1 http://www.unionradio.com.ve/Noticias/Noticia.aspx?noticiaid=228755

2 Garrido, Alberto: Guerrilla y Plan Colombia, hablan las FARC y el ELN, Ediciones del Autor, Mérida, 2001, p. 161

Remedios García Albert - albert51
 
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