Necesitamos salir de esa perspectiva planetaria (II)
23 de enero de 2008   
 
··· OPINIÓN
Necesitamos salir de esa perspectiva planetaria (II)


Una gran verdad histórica. Sí, es cierto, Inglaterra, o “la pérfida Albión”, como se le llamó antiguamente, fue el país que mejor aprovechó en beneficio de sus ambiciones de depredación mundial y de rapiña, la política de la “Santa Alianza” orientada ahogar en sangre y fuego las revoluciones democráticas y de emancipación nacional, incluyendo las que avanzaban en las antiguas colonias hispanoamericanas.
 
Contra esa tenebrosa maquinaria de destrucción, como fue, la alianza de la cruz, la espada y la libra esterlina, desde un pueblito de los andes venezolanos, el Libertador Simón Bolívar, alzó su voz de protesta con la misma fuerza fulmínea  y de trueno bíblico para proclamar el grito de “guerra a muerte” el cual era una respuesta política y social contra toda forma de dominación colonial.
 
El dominio imperial de Gran Bretaña, con vigencia hasta la segunda Guerra Mundial tiene sus antecedentes en el pasado colonial, en el saqueo de África, Asia, América Latina y el Caribe. Memoria de ese pasado lo constituye la guerra del opio, impuesta a China y la conquista de la India, Hong-Kong, Guyana, Las Malvinas, Trinidad, Granada etc. Precedidos, por supuesto, de los consorcios monopolistas para participar en el comercio internacional de negros y la compañía de las Indias Occidentales.
 
Pero, además, cuestión ésta muy importante: el desarrollo inicial del capitalismo en la propia Inglaterra impuesto sobre la base de la brutal explotación no solo de los hombres sino de la mano de obra femenina e infantil. ¡Cómo no recordar en estos momentos que la jornada de trabajo era de dieciocho horas diarias y que los niños trabajadores habitaban encadenados en las fábricas y talleres manufactureros hasta que agotadas sus fuerzas físicas, los niños eran lanzados a la mendicidad! Precisamente con “carne de presidio” y condenados a galera a perpetuidad, fue colonizada una parte de lo que hoy es Estados Unidos, con la bendición de la Biblia e Hisopo en mano, de las altas jerarquías de la Iglesia Anglicana. Fue Inglaterra como modelo de desarrollo del capitalismo de “libre concurrencia”, la que dominó universalmente hasta que entró en escena, en las últimas décadas del siglo XIX, el capitalismo financiero y monopolista, antecedente inmediato del capitalismo transnacional y multinacional, conocido hoy con el nombre de “capitalismo salvaje”.
 
Investigando y estudiando este absurdo deshumanismo, nos encontramos con un sistema “insólito”, “perverso”. A partir de las tres últimas décadas del siglo XIX, coincidiendo con la entrada en escena, a nivel mundial, del capitalismo monopolista y financiero, vemos la tragedia del mundo, porque es en ese tiempo que ocurrió el segundo gran reparto del “mundo no civilizado y atrasado” entre lo centros imperiales de poder con excepción de los países de la Península Ibérica que habían descendido a potencia de segunda categoría. Un reparto nada pacifico, sino con terrorismo a sangre y fuego en términos equivalentes al pasado colonial. En ese contexto las potencias imperiales en las que ya estaba insertado los Estados Unidos, recolonizan las nuevas naciones y en medio de una enconada competencia entre sí se apoderan de las fuentes matrices de la riqueza social Iberoamericana e imponen por la fuerza de las armas “factorías”, protectorados “enclaves” en África y Asia. Fortalecen y amplían las añejas relaciones de esclavitud y servidumbre que todavía subsistían y las adoptan a los mecanismos de la plusvalía capitalista para hacer más rentable la explotación de la mano de obra nativa.
 
En el cuadro de esa competencia, se desarrollan guerras diplomáticas y comerciales, guerras secretas por el control de exportaciones, por zonas de influencia y por áreas de inversión de capital excedente. De ahí que las potencias imperiales conduzcan a la humanidad hasta la carnicería universal de 1914-1918 cuyas consecuencias son suficientemente conocidas, para hablar en estos momentos sobre ellas. En la competencia, los Estado Unidos, como naciente potencia imperial, o simplemente imperialista, toman la delantera frente a sus adversarios en el dominio del mundo colonial. Impulsados por la doctrina “Monroe y del destino Manifiesto” que le dan una situación objetiva y subjetiva, se impulsa para apoderarse de casi de la mitad de México y transforma el Mar Caribe en una especie de “lago norteamericano”. Los resultados de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) lo colocan sin duda a la cabeza de los Estados Imperiales y la debacle del socialismo, como sistema adverso al “capitalismo salvaje” lo transforman en la primera potencia imperial del planeta. Esta es la realidad concreta que traemos históricamente atravesado para el tercer milenio.
 
(…Continuará)
 
Víctor J. Rodríguez Calderón - vrodriguez297
 
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