8 DE MARZO, DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA
07 de marzo de 2009   
 
··· OPINIÓN
Tiempos de Crisis

El tatarabuelo Carlos Marx dedicó muchos esfuerzos intelectuales a analizar el capitalismo, a desentrañar sus mecanismos, a descubrir, releer e interpretar sus leyes. Sus trabajos constataron, no solo su injusticia, sino también su incapacidad para regular armónicamente la economía y, en consecuencia, vaticinaron inevitables averías monumentales en el sistema, que impedirían el funcionamiento normal del mercado y formarían estropicios generales en la sociedad. . En ella nuestro  protagonista recoge un trapo rojo que pierde un camión, que lo llevaba como señal de advertencia y peligro. Con el objetivo de devolverlo, persigue al vehículo agitándolo para llamar la atención del conductor. De pronto, la calle se llena de gente que forma una manifestación detrás de lo que identifica como la llamada de su bandera. De esta forma, el pacífico ciudadano charlotiano se ve transformado en agitador y líder de una revuelta que, aparte de provocar nuestra sonrisa, plasma el alto grado de malestar social y la necesidad de protesta.

Desde entonces ha llovido mucho y el capitalismo, como sistema, ha ido superando diversas crisis para volver a generar otras nuevas, de diferente índole y repercusión. Quienes esperaban que el capital cayera, como fruta madura, a consecuencia de sus contradicciones, se han visto tan defraudados, como desmentidos aquellos que han asegurado, no ha mucho, que había llegado el final de la historia de los enfrentamientos sociales, y que la larga vida del capitalismo sería eterna.

Dentro de la izquierda se debatió, largo y tendido, sobre la inexorabilidad de la crisis del capitalismo y su capacidad de supervivencia y auto-reforma. La realidad ha venido demostrando que las crisis no provocan hundimientos automáticos, ni espontáneas revoluciones, todo lo más, febriles revueltas y adhesiones, como las que consigue el personaje interpretado por Charles Chaplin en una muy divertida secuencia de Tiempos Modernos

Y es que, por desgracia, detrás de la palabra crisis hay mucho más que mecanismos de mercado que no funcionan. Hay un entramado de ausencias e insuficiencias, provocadas por la injusticia más descarnada, que generan miseria, angustia, dolor, inseguridad y hambre, de forma masiva.

Hambre en la globalización

Vivimos, vivíamos, tiempos de confort, y en nuestras sociedades del primer mundo el personaje de Carpanta, creado por Josep Lluis Escobar a finales de los cuarenta del siglo pasado, aparece como algo anacrónico.

Es cierto que, hoy en día, la lógica humorística de una marginación, en la que el hambre es tan cotidiana como difícil, imposible, de calmar, no tiene el grado de representatividad social que tuvo en aquellos días.

Por ello, nos parecerá seguramente desmesurada una de las mejores y más duras páginas de la historieta española, en la que las autoridades deciden llenar un pantano con la saliva generada por una larga hilera de hambrientos, –Carpanta entre ellos– ante los que se exhibe un plato de comida: el clásico pollo al horno.

Pero, por desgracia, tiene su punto de actualidad y, no sólo por la existencia de los sin techo, sino también, y sobre todo, porque antes de que estallaran, tanto la burbuja inmobiliaria como la de las “subprime”, se extendía ya por el llamado tercer mundo una crisis alimentaría, originada por la ineficacia de organismos como el FMI y el Banco Mundial, el desorden del mercado mundial, la escasez, y la especulación.

Así, mientras nosotros debatíamos sobre si los síntomas eran de desaceleración o crisis, el apocalíptico caballo de la hambruna cabalgaba sobre buena parte de África y Asia. Y, mientras en nuestras occidentales sociedades temíamos por la disminución de nuestra capacidad consumista, el fantasma de Carpanta volvía a congelar los estómagos, y las perspectivas vitales, de millones de personas.

Esta crisis ha sido ocasionada por la codicia sin límites de unos pocos que han manipulado nuestro mundo con gran impunidad. A esta crisis se le ha calificado como la primera de la globalización porque se ha incubado y extendido gracias a los mecanismos del mercado global y a su subordinación a las evoluciones de la especulación financiera. Pero, esta crisis es también la primera de la globalización porque ha escenificado sus miserias, y nos ha demostrado cercanos a la pobreza, al hambre, y a la degradación irreversible de nuestro planeta.

Por todo ello, no podemos limitarnos a buscar una bandera detrás de la que gritar nuestra indignación. No podemos limitarnos a protestar contra lo sucedido y asegurar que teníamos razón y que ya lo habíamos anunciado, porque, aparte de no servir de nada, pondría en evidencia nuestra incapacidad de actuar frente al descaro con el que las patronales se disponen a sacar provecho de la ocasión.

Hay que actuar para el hoy: proteger a los más débiles, agrupar fuerzas. Y, para el mañana: cohesionar el tejido social diverso y plural, olvidar los sectarismos, reconocer nuestras insuficiencias, buscar conjunciones, organizar solidaridades, tejer alianzas, agrupar fuerzas, y cambiar, tanto el campo, como las reglas del juego.

Pepe Gálvez
 

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