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Banderas










Como cada mes de agosto y como "serpiente de verano", volvemos, una vez más, a la "guerra de las banderas", como si esta guerra fuese la solución a los problemas reales de la ciudadanía de cualquier Comunidad Autónoma, país, nación o como lo quieran ustedes llamar.

Evidentemente me parece absurdo manifestarme, pelear o gritar por tal o cual trapo más o menos colorido, que alguien, en un momento de lucidez, posiblemente etílica, diseñó para determinar identidades territoriales o nacionales sin preguntar a los portadores de esa identidad si ese trapo los identificaba o, simplemente, si contemplaba sus carencias y necesidades. De manera pragmática pienso que no y lo voy a justificar porque el hambre, la pobreza, el paro, la carestía de la canasta de la compra, el atraco a mano armada que significan las hipotecas, la desidia en la enseñanza, el abandono y deterioro en la sanidad, la seguridad insegura, los camellos y/o traficantes de droga y de vida, las pornográficas ganancias económicas de los bancos, la imparable caída al abismo de la miseria de los trabajadores, la mendicidad en las calles, el abandono hitleriano al que se ven sometidos los ancianos, la violencia de género (que imparablemente va en alza), el deterioro del medio ambiente por genocidas prácticas industriales y militares, los conflictos bélicos desatados en medio mundo, la intolerancia, la represión, la tortura, la persecución por ideas políticas distintas, las dictaduras (y no hablo -que nadie piense que sí- de Cuba), la inmigración y sus muertos (cuando mueren por, simplemente, querer vivir), el miedo a quedarse en el paro, el miedo a pasar miedo, la manipulación en los medios de información oficiales (vendidos al poder económico) de la realidad que nos abraza con sus brazos siniestros, etc. no están entre las prioridades de ninguna bandera.

Tendría, tengo, muchos más argumentos para no movilizarme por un pedazo de trapo que no me habla de todo lo expuesto más arriba, que no defiende los Derechos Humanos más básicos y elementales a los que tienen derecho todas las personas.

El pasado día 15, en las calles de San Sebastián (País Vasco), los ciudadanos salieron a la calle en defensa de la "ikurriña" y en contra de la bandera española. Hubo una sentencia del Tribunal Supremo español que obliga a que esa bandera baile al soniquete del viento en todas las instituciones públicas teniendo en cuenta que la española es la bandera "constitucional".

No quiero entrar en esa "guerra de banderas" pero no estaría de más recordarle a los "agradecidos" miembros del Tribunal Supremo español que los vascos son más vascos que los españoles, españoles. Los vascos ya estaban mucho antes (aunque la creación de su bandera date del año 1894) que los españoles, cuyos orígenes están en la finalización de la conquista de Granada, cuando son expulsados moros, judíos y gitanos y se crea aquello de "una, grande y libre"; y se inicia otra labor de conquista y exterminio en África, América Latina y Canarias.

Tampoco estaría de más seguir recordando a los "sesudos" de ese Tribunal Supremo que lo que ellos llaman "bandera constitucional" tan sólo es el producto de un sangriento golpe de estado que causó un millón de muertos, cientos de miles de exiliados y cientos de miles de "españoles" encarcelados y torturados. La única bandera constitucional es la que ondeaba en tiempos de la República pues se instaló de forma democrática, sin sangre, sin guerra excepto la pelea en las urnas democráticas.

No... no estoy de acuerdo con ninguna bandera. Cambiaría mi opinión cuando viese que bajo cualquier bandera se arroparan los principios de la libertad, la igualdad, la solidaridad, la dignidad de las personas y la justicia social.

Pregunta idiota que se me ocurre esta semana. ¿Por qué el Sr. Soria escondió su banderón de 300 metros cuadrados y 50 metros de altura? ¿Tal vez por miedo a que se le vuelva a caer al suelo y le rompa la crisma?

Agustín Mora

 
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