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Nueva Canarias: aunque la mona se vista de seda…

Sin permitirnos un leve resuello tras las últimas elecciones autonómicas y locales, de bruces y sin colchoneta protectora, nos enfrentamos ahora a la precampaña de unas elecciones generales que, como de costumbre, incluso antes de empezar reproduce las promesas infundadas, los escenarios de humo, los enfrentamientos ficticios entre candidatos y, lo que es peor, la instrumentalización desvergonzada de los miedos y necesidades de la gente, a beneficio de los contendientes.

Comienza a despuntar ya una mascarada que se repite hasta la nausea en la que, como apuntara en cierta ocasión el escritor uruguayo Eduardo Galeano, se permite a los votantes elegir la salsa con la que quieren ser devorados, mientras la posibilidad de no convertirse en el provechoso plato de ninguna fracción del poder se excluye de la discusión.

Pero, a decir verdad, no todo resulta frustrante en esta burda comedia. Mire usted por donde, la tensión que provoca el juego electoral de unos competidores que luchan por apoderarse de las confortables poltronas, sirve también, a veces, para que cada uno tienda a situarse en la ubicación política que realmente le corresponde.

Tal es el caso, por ejemplo, de esa vergonzante cuadrilla de viejos camaleones que hoy se agrupan alrededor de una organización a la que, paradójicamente, han bautizado como “Nueva Canarias”. Después de compartir durante años una larga trayectoria de escándalos con quienes han malversado el poder político en las Islas durante los últimos tres lustros, estos “novísimos” intentan presentarse ante nuestros conciudadanos como si vinieran del planeta Marte. Sin biografía, sin historia, sin pasado. Como si no hubieran existido en la vida política de nuestra comunidad. Soy de los que piensa que en estos casos vale la pena incomodar a los lectores, intentando sacudir el mal de Alzheimer que frecuentemente atenaza nuestra memoria. “Nueva Canarias” ni es nueva, ni ha venido de Marte. Sus integrantes han estado presentes en la vida política de nuestra tierra ocupando primerísimos planos. Y su paso por el escenario de la cosa pública de las islas no se produjo de puntillas ni en silencio.

Escándalos de tanto volumen como los casos Aeromédica y Tindaya fueron protagonizados por quien entonces era presidente de la Comunidad Autónoma de Canarias, Román Rodríguez, que hoy vuelve a lanzarse al ruedo electoral como si de un inmaculado neófito de la política se tratara. Este risible personaje ha recorrido todo el amplio abanico partidario existente. Su itinerario abarca desde las organizaciones de la izquierda radical hasta la derecha heredera del franquismo. Dio sus primeros pasos allá por los ochenta, en “Nacionalistas de izquierda” donde, por cierto, aparentaba comerse a los niños crudos. Años después se fusionó en ICAN con el maestro del travestismo político, José Carlos Mauricio, y los monaguillos de origen católico que se amparaban bajo las sotanas de los curas del sur grancanario: Carmelo Ramírez, Marino Alduán, Pepe Mendoza, Paco Santiago… En 1993 contribuyó, en no escasa medida, a crear aquel esperpento derechista denominado “Coalición Canaria” , más conocida significativamente como “la COCA”. Por una comprometida carambola, provocada por la ambición desmedida de Lorenzo Olarte Cullen, le tocó en suerte ser nombrado Presidente del Gobierno de Canarias. Y nuestro hombre se lo creyó. Durante su mandato había quedado tan convencido de su valía que quiso repetir en el cargo, olvidando que sus socios deseaban también, cómo no, participar del suculento reparto. Como no llegó a un acuerdo con sus vecinos de la oligarquía tinerfeña, montó un tumultuoso zaperoco que acabó en una escisión, preñada de truculencias, querellas criminales y espeluznantes conflictos personales. De las entrañas mismas del monstruo -Coalición Canaria- nació, pues, “Nueva Canarias”, con los mismos genes y señas de identidad de sus corrompidos ancestros. Una buena parte de los integrantes de la “nueva” formación no fueron meros mindundis durante las legislaturas en la que CC disfrutó de la mayoría parlamentaria. Ostentaron poltronas de consejeros, direcciones generales, alcaldías, concejalías, escaños parlamentarios y cargos intermedios, de cuyos salarios vivieron unos cuantos centenares de militantes y afines.

José Mendoza y Marino Alduán ocuparon la Consejería y Viceconsejería de Educación, respectivamente, durante uno de los periodos más conflictivos y turbulentos que se recuerda en la Escuela Canaria. Durante su mandato presidencial, Román Rodríguez, el actual líder de NC, protagonizó la secuencia más bochornosa que se ha dado en la política exterior de los veinticinco años de autonomía. Antes de que transcurrieran las veinticuatro horas de la ejecución de un Golpe de Estado contra el gobierno democráticamente constituido en Venezuela, Rodríguez manifestó, sin ambages, su simpatía por los golpistas y su rechazo por el presidente temporalmente derrocado. Cuando el pueblo venezolano se echó a las calles y derrotó a los golpistas, el ridículo presidencial canario sólo fue comparable con el del presidente Aznar, aliado parlamentario por aquellas fechas de Coalición Canaria.

El empeño de los dirigentes de Nueva Canarias por maquillar con una cosmética “progresista” su recién alumbrada criatura ha sido constante durante estos dos últimos años. Se ha querido presentar a NC ante la sociedad isleña como algo novedoso, que poco tiene que ver con los ex correligionarios que ahora usufructúan el poder. No podían borrar la imagen de su participación en el gobierno más corrupto que ha sufrido el Archipiélago, pero la edulcoraban con el pretexto de que, en el ámbito de su gestión, habían “intentado limitar los desmanes de la facción derechista de ATI”. Reconocían los errores de su pasado experimento con CC, pero los justificaban con el argumento de que su presencia en la coalición había paliado las políticas derechistas del gran enemigo tinerfeño. Ahora - insistían - las cosas iban a ser diferentes. Con la nueva organización política se iba a recuperar el auténtico espíritu del “nacionalismo de la izquierda moderada”. Con este renovado lifting trataban de rescatar a parte del espectro electoral perdido en los sectores más despistados de la enseñanza y de los movimientos sociales.

Pero sus resultados electorales fueron realmente un desastre, si se comparan con las expectativas que previamente se crearon. Nueva Canarias solo contó con el apoyo electoral de los núcleos municipales del sur de la Isla de Gran Canaria, donde en los últimos treinta años han practicado una pertinaz política de clientelismo electoral. Esos votos - que en una proporción importante se desplazan en las elecciones generales hacia el apoyo al PP - son los que han permitido la presencia actual de Román Rodríguez y Carmelo Ramírez en el Cabildo Insular. El escrutinio del pasado mes de mayo ha puesto a NC ante el espejo de su propia imagen: los votos que apoyan su gestión son los que corresponden a los sectores sociales más atrasados y, también agradecidos, de los municipios que controlan desde las primeras elecciones democráticas de 1979.

Si se tienen en cuenta todos estos elementos, no deberían extrañar las recientes manifestaciones de los dirigentes de Nueva Canarias, en las que anunciaron su deseo de coaligarse en un “bloque nacionalista” con un personaje de especial catadura moral, “Nacho” González. Poco importan las connotaciones escandalosas que la personalidad de Ignacio González, y su entorno político y familiar, sugieren a quienes estiman que la honradez debe ser un principio básico en la actuación política. “Las realidades mandan”, suelen esgrimir como argumento aquellos políticos que se parapetan tras su ausencia de principios. El apoyo del CNN en Tenerife, tanto económico como político, les es imprescindible para no terminar siendo borrados del mapa electoral canario y para poder sobrevivir unos años a la hecatombe. ¿Alguien se imagina a Pepe Mendoza pegado al pizarrín en una escuela anónima de Gran Canaria? ¿O a Carmelo Ramírez tratando de ejercer una profesión que nunca alcanzó a practicar? ¿Pasa por la mente de alguien la estampa de un Paco Santiago ofertando, complaciente, automóviles de saldo en los salones de exposición de la marca Renault? Ese es el auténtico y aplastante significado que subyace a la recurrida expresión “las realidades mandan”.

NC ha expuesto, una vez más, sus posaderas a los crudos efectos de la intemperie. Difícilmente podía ser de otra manera. Y es que la mona, aunque la vistan de seda, mona se queda.


(Fuente: Canarias-Semanal)
T. Lozano Lubary

 
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