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VOLVER LOS GIRASOLES CIEGOS QUISIERAN









Hace poco tiempo leí un libro por el que llevado quisiera hacer esta reflexión en forma de reseña. Se trata de uno de esos libros que aportan luz y otorgan a la literatura la exclusividad más absoluta en relación con otras artes o manifestaciones culturales. La obra en cuestión es de Alberto Méndez. Un autor muy poco prolífico, creo que sólo publicó esta obra titulada: Los Girasoles Ciegos. Publicado en la editorial Anagrama en el 2004.

Es un libro pequeño que desarrolla cuatro historias cortas, a cual más desgarradora y al tiempo mejor contada. Todas ellas con un estilo narrativo distinto. Historias aparentemente independientes pero íntimamente conectadas entre sí, no sólo en el contenido, sino también porque sorpresivamente la vidas descritas se cruzan de forma magistral.

Es un libro cargado de poesía y al mismo tiempo de historia, de alto contenido político, de dulzura y de desgarrada crudeza, de amor y de deseo de justicia. Es casi imposible hacer despertar tantos sentimientos en tan poco espacio textual; una autentica maravilla literaria que hace más que aconsejable lectura.

Durante el ejercicio de su lectura fue que me adentré en un mundo que nadie (quizá exceptuando a Dulce Chacón en su libro La Voz Dormida) había podido describirme de manera más nítida y cruda: el mundo de “los vencidos”. Los vencidos por el grotesco y detestable levantamiento militar que dio origen a lo que luego se llamó Guerra Civil Española y a sus posteriores cuarenta años de dictadura nacional-catolicista y canalla.

Y es que las consecuencias de aquella deleznable, miserable y cruenta guerra se extendieron más allá de los muertos: habitando particularmente entre los vencidos vivos. Y ahora, cuando ya han pasado muchos años y la mayor parte de esos vencidos están muertos, sigue habitando el sentimiento de vencidos por la barbarie entre los hijos y los nietos.

Antes del inicio de la guerra, y no sin dificultades, se abría paso en el Estado Español el desarrollo de la cultura popular y universal, los valores democráticos y el establecimiento de relaciones de justicia social y equidad. Pero con el levantamiento militar todo se redujo hasta lo más encogido e inimaginable: los golpistas hicieron que la esperanza se desconfigurara hasta aniquilarla, crearon un grotesco, oscuro, único y gris mundo: el de los vencedores, realmente un submundo que sustentaron en el esperpéntico estado de valores que llamaron: “Nacionales” y/o “Nacional Catolicismo”.

Desde entonces dos mundos se contrapusieron: uno visible gris y ostentoso, de simbología absurda y exultante: el mundo de los vencedores. El otro oculto y prohibido, era el mundo de los valores más universales que fueron ultrajados, pisoteados y violados: el doloroso mundo de los vencidos.

Los alzados golpistas, siguieron con su cruzada durante casi cuarenta años: emponzoñaron y empobrecieron, enralecieron y pudrieron, empequeñecieron la atmósfera y la vida; vilipendiaron a los más pobres, a los más valientes y a los ilustrados comprometidos con el bien común, también a los justos; hundieron a todo un estado en las tinieblas y el miedo durante muchísimos años.

Hoy setenta años después, siguen algunos utilizando casi el mismo lenguaje, casi los mismos mensajes, casi los mismos símbolos. Vuelven a nombrarse casi igual, de igual forma a izar enormes banderas, a clamar por la Moral Católica y la Nación Española como una misma y sagrada cosa. Quisieran condenarnos a la homogeneidad. Volver los girasoles ciegos a mirar al sol. Volver con la desmemoria recompuesta y los corazones helados. Volver con la mirada encogida de odio hacia el que habla de justicia o de igualdad. Confunden libertad e injusticia, horror y honra, valor y miedo, democracia y fascismo. Levantan desvergonzados el vuelo de las águilas, hoy gaviotas o flechas, azules o naranjas, blancas o amarillas. ¡Crucifijos para todos!; son los herederos del mundo de los golpistas vencedores.

…Y todo ello porque los vencidos, y en Canarias hubieron muchos, no han podido aún recuperar su memoria robada, la dignidad mancillada.

(*)Miguel Mata Betancor es militante de UNIDAD DEL PUEBLO

Miguel Mata - info

 
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