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El discurso de Hu Jintao y las demandas de la izquierda del PCCh

XVII CONGRESO DEL PARTIDO COMUNISTA CHINO



Nada nuevo bajo el sol de Oriente. No existen cambios estratégicos en lo que se refiere al discurso cotidiano de Hu Jintao en su mandato político. Sin embargo desde su ascensión a secretario general ha introducido nuevos elementos teóricos que afectan a la estrategia del Partido Comunista Chino.

Si nos pidieran “la noticia” del XVII Congreso del PCCh, no puede ser otra que la consolidación de Hu y el poder central frente a las fracciones por un lado del clan de Shangai proZemin y por otro de los poderes regionales que actúan de forma combinada con la burguesía emergente. Entre los objetivos económicos, Hu está dispuesto a dar una zancada más grande en el último paso de la Estrategia de Tres Pasos planificada por Deng Xiaoping, sobre la premisa de moderar el sobrecalentamiento económico. Los conceptos novedosos incorporados por Jintao al sistema teórico del PCCh tienen que ver con la armonía y la ciencia. El primero de ellos es el objetivo de la “sociedad armoniosa” como paliativo para afrontar los graves desequilibrios sociales y ecológicos. El segundo, también de cosecha de Jintao, es el “concepto científico de desarrollo” que pudiera significar, en sistema teórico que rige el PCCh, un intento al argar sine die la etapa primaria del socialismo, posponiendo la “conclusión científica” de dicha etapa, que tiene categoría de “contenido fundamental” en la Teoría Deng Xiaoping, padre de la estrategia y la ideología del PCCh. Asimismo, Hu incluye dentro de estos conceptos la centralidad del ser humano con el objetivo de su desarrollo integral.

Sobre los movimientos internos en el PCCh, y por consiguiente, el cambio de los consensos internos, no funcionan igual en tiempos de crecimiento económico que en tiempos de crisis de económicas. En los escenarios segundos, se agudiza la lucha de clases, y por ende, la batalla ideológica interna: son momentos donde suele emerger la izquierda; en los primeros escenarios, los movimientos tectónicos se mueven en dirección a las demandas de la oligarquía para cuestionar el monopolio publico chino en sectores estratégicos. Evidentemente, la emergencia de la burguesía china en su transformación de su conciencia “en sí” a “para sí”, le lleva a organizarse para defender con mayor eficacia sus intereses. Nació porque así lo quiso el PCCh; el pacto implícito era el siguiente: yo te dejo hacer negocios a cambio de tu contribución a la causa de la superación del atraso económico del país, sin cuestionar mi dirección política como PCCh. No obstante, a nadie se le escapa que “Roma no paga traidores” , y que si avanza el proceso de concentración de poder efectivo económico llevará a la nueva oligarquía privada (todavía no financiera) a adoptar un proyecto nacional alternativo al trazado por Deng Xiaoping o a tomar el poder estatal interno por la vía de la absorción de la superestructura socialista por parte de la base económica capitalista. En definitiva: o mata al padre o lo acaba sometiendo.

El presente artículo pretende contraponer las posiciones de la izquierda del PCCh o lo que se ha venido en llamar “nueva izquierda” china, con las posiciones dominantes en la China de Hu Jintao. Para ello tenemos un documento valioso: una carta de destacados antiguos dirigentes del Gobierno Chino, organismos oficiales, de masas y otras personas representativas, que en su mayoría estuvieron en dirección china en la década de los 80. En dicha carta, fechada en junio, plantean propuestas concretas al presidente Hu.

En primer lugar, para un mejor contraste, vamos a desmenuzar el discurso del secretario general del Partido de 73 millones de militantes que dirige la cuarta potencia económica mundial y la primera en cuanto a exportaciones. Como cuestión metodológica intentaremos exponer las opiniones particulares del autor del presente artículo en notas a pié de página para distorsionar lo menos posible tanto el discurso como la carta crítica.

El discurso de Hu Jintao en el XVII Congreso del PCCh

A mucha gente le sorprenderá que los dirigentes chinos siguen utilizando lenguaje marxista en el congreso del PCCh; ejemplos hay muchos: “Socialismo con características chinas”, “integrar el marxismo a la situación China”, “socialismo científico adaptado a la realidad china”, “la búsqueda de la verdad en los hechos”, “metodología marxista” en la elaboración colectiva y abierta de la política estratégica del Partido, menciona el Manifiesto Comunista, “la propiedad pública como la fundamental”, “atender los intereses de la clase obrera”, “reforzar las asambleas de poder popular”, “la vitalidad y vigencia del marxismo mientras se apegue a las demandas populares y a la altura de los tiempos” , o el juramento de los delegados donde exige a los militantes “contar con los ideales elevados comunistas y la fe inquebrantable en el socialismo con peculiaridades chinas, personificar los requisitos de mantener el carácter avanzado del militante del Partido Comunista, estudiar con afán el marxismo-leninismo, el pensamiento de Mao Zedong, la teoría de Deng Xiaoping y el importante pensamiento de la “triple representatividad” y aplicar una concepción científica del desarrollo” .

Hu se ha comprometido a garantizar un nivel de vida mínimo –manutención básica- para la población urbana y rural. También en la mejora de la democracia y el sistema legal, terminando con la toma de decisiones arbitrarias de una minoría. En cuanto a las fuerzas armadas, seguirán modernizándose una vez que fueron reducidas a 200.000 efectivos.

El presidente chino reconoce las siguientes dificultades y problemas – reproduzco aproximadamente su literalidad-:

1) El alto precio pagado por el crecimiento económico a costa de los recursos y el medio ambiente (“desarrollar un concepto de la civilización en lo ecológico”);

2) El desequilibrio persistente en el desarrollo entre la ciudad y el campo, entre las diversas regiones y entre la economía y la sociedad;

3) La dificultad agravada en el desenvolvimiento estable de la agricultura y el incremento continuo de los ingresos del campesinado;

4) La cantidad todavía considerable de problemas que atañen a los intereses vitales de las masas en materia de trabajo y empleo, seguridad social, distribución de ingresos, educación, sanidad, vivienda para la población, seguridad en la producción, labor judicial y orden público, junto a los relativos apuros en la vida de aquella parte de las masas con renta baja.

5) La falta de fortaleza en la formación ideológica y moral.

6) La adaptación insuficiente del Partido en capacidad de gobernación del país a la nueva situación y las nuevas tareas, y la carencia de profundidad en la investigación y en el estudio de ciertos importantes problemas prácticos relacionados con la reforma, el desarrollo y la estabilidad.

7) La debilidad en algunas organizaciones de base del Partido, y el estilo incorrecto, las manifestaciones formalistas y burocráticas bastante agudas y los graves casos de ostentación, derroche, corrupción y otros comportamientos negativos de un reducido número de cuadros militantes del Partido.

Conviene recordar que todavía una mayoría de la población vive en el campo. Hu ha pronosticado para el 2020 una China industrializada en lo fundamental. Este pronóstico traducido a la Teoría de Deng Xiaoping representaría la aproximación máxima a la conclusión de la etapa primaria del socialismo que estaba prevista para el 2050 según el XIII Congreso del PCCh donde ganaron las tesis más derechistas y pierden, para resumir, los que firman la carta. Estos últimos dirigentes de “izquierda” son los que protagonizaron una política de restricción del crédito al sector privado, una política que se nos antoja muy lejana al planteamiento “neutralista” –en la praxis- del actual presidente chino ante las formas de propiedad. Hu Jintao retóricamente no renuncia a la conclusión científica de la etapa primaria del socialismo pero nos previene de que quedan varios decenios para cumplirla. Sin embargo, por lo que se sabe, no existe voluntad para preparar esa teórica superación de la etapa primaria del socialismo que implicaría entrar en una fase estrictamente socialista de construcción de un socialismo desarrollado, una vez completado el proceso de acumulación originaria.

Por otro lado, el presidente ha insistido en la continuidad ideológica del Partido y describió a las teorías del socialismo chinas como un sistema abierto que se sigue desarrollando. Señaló la importancia de que la población se sienta parte del proceso. Hu resalta que “es preciso poner énfasis en el incremento del ingreso de las personas con renta baja, elevar paso a paso la cuantía normativa de ayuda a los pobres y la de salario mínimo, e introducir en las empresas un mecanismo de aumento regular de salarios y otro de garantía de su pago para los trabajadores” . Según Jintao, China ha llegado a "un punto culminante de nuestro tiempo", mientras el mundo se vuelve mucho más complejo. “No habrá salida si paramos o retrocedemos” , concluye.

Una vez visto el discurso de Hu, desgranaremos los argumentos de la izquierda del PCCh teniendo como fuente la citada carta.

Planteamientos de la izquierda del PCCh

En un primer lugar, la izquierda del PCCh recoge el envite de Hu Jintao de promover la democracia interna. Esto les sirve para abrir una serie de críticas a la política dominante de los últimos 20 años. Estos exdirigentes aprovechan el escándalo de Shanxi para atacar a la actual línea política gubernamental, sin cuestionar al régimen. Este escándalo estuvo protagonizado por un miembro del Partido, finalmente expulsado, que se enriquecía no ya con trabajo asalariado, sino a través de dominación esclavista. Los 17 firmantes no se resignan a interpretarlo como un fenómeno inevitable de la etapa primaria del socialismo, puesto que es un rasgo de la acumulación originaria del capital.

Estos comunistas cuestionan que privatizando empresas estatales o promoviendo empresas que tienen la etiqueta de “colectiva” pero que encubren relaciones de producción capitalistas, pueda construirse el socialismo. Critican el apagón estadístico sobre los porcentajes de participación del sector estatal y colectivo sobre la propiedad total de los medios de producción. Sospechan, a su vez, que las cifras sobre producción industrial y sobre el valor agregado del conjunto de la economía, nos den una instantánea de la hegemonización del sector privado sobre los medios de producción. Si bien, nadie puede poner en cuestión que los sectores económicos estratégicos (excluyendo el industrial) sigan teniendo sus palancas fundamentales bajo propiedad del Estado.

Mencionan un grave deterioro en los derechos laborales de los trabajadores por la introducción de la competencia entre los mismos y los ritmos de trabajo. Por otro lado, los firmantes no están en contra per se de la inversión extranjera, pero ponen el grito en el cielo, por razones patrióticas muy enraizadas en el pueblo chino, cuando se permite al capital extranjero penetrar en empresas militares chinas – muchos de los firmantes han sido de las fuerzas armadas-.

También anuncian un retroceso del mundo rural al status del año 1950 al constituirse una clase de campesinos ricos. La denuncia de la corrupción y la destrucción del medio ambiente es equiparable a la que hace el presidente de China.

En cuanto al incremento disparado de la desigualdad, señalan que el índice de Gini ha llegado a 0,469 cercano al índice estadounidense. Los críticos tienen como autoridad teórica no sólo a Marx, Engels, Lenin y Mao- la carta comienza y termina con un poema de Mao-, sino también a Deng Xiaoping; nos recuerdan que “dijo una vez que si la apertura lleva a la polarización es obvio que nos estamos desviando”. Además, se reconoce que China no sólo no es ajena a la presión del capitalismo internacional, sino que China participa destacadamente en el proceso de acumulación mundial de capital. Establecen demandas concretas para este pasado congreso: asumir la ideología marxismo-leninismo-maoísmo capaz de satisfacer a las necesidades de la mayoría del pueblo, y la aprobación de una Ley de Contrato de Trabajo para proteger al trabajador. En otra parte del texto, apoyan afirmación de Hu: “En cualquier momento, en cualquier circunstancia, tenemos que tener siempre bien alto la gran bandera del pensamiento Mao Tse Tung” ; pero le instan a cumplirla. Posteriormente recuerdan la revuelta contrarrevolucionaria de 1989 calificada por Deng como “liberalización burguesa opuesta a los Cuatro Principios Cardinales”. “El objetivo de la revuelta era subvertir nuestro país y nuestro partido”. “Si Deng dijo entonces que hacían falta 20 años de lucha contra la liberación burguesa, actualmente parece que vamos necesitar otros 20 años” , sostienen los firmantes.

Sobre el lenguaje marxista que siguen utilizando los dirigentes chinos, advierten que los defensores de la liberación burguesa envuelven sus discursos poesía socialista. Este sector derechista, según los críticos, niega los principios fundamentales del socialismo científico: propiedad pública de los medios de producción y dictadura del proletariado. Insisten en volver a ser la vanguardia de la clase trabajadora, rectificando el pensamiento de la Triple Representatividad. No admiten que los capitalistas puedan pertenecer al Partido Comunista. Para ellos es imprescindible diferenciar entre trabajo y explotación, y a los que contribuyen a lo segundo, no deben tener carnet del Partido. Les dan dos opciones a los capitalistas que pertenezcan al partido: 1) que pongan fin a la explotación y devuelvan los medios de producción al pueblo. 2) Dimisión automática del Partido si continúan siendo capitalistas, exigirles la obediencia a las leyes y la posibilidad de participar en los partidos democráticos. Dicen textualmente: “En la actual coyuntura, tenemos que confesar que la reforma de China va en el sentido de mudar de propiedad pública a propiedad privada y del socialismo al capitalismo. Emerge un estilo Yelsin que algún día se puede crear las condiciones para la disolución del PC, vendiendo el país y el territorio” .

¿Cómo comenzó este problema? El argumento que manifiestan reside en los 20 años de implementación de una política errada, orientada por una ideología errada. Por otro lado, mencionan al igual que Hu el daño que hacen los estilos de trabajo erróneos, formalismo, burocracia. Reclaman la libertad de expresión en el marco del debate teórico del socialismo.

Llaman a adoptar una actitud autocrítica: “Debían procurar una verdad de los hechos y adoptar una actitud de decir ‘la verdad sin perder la credibilidad’ para, de forma sistemática y rigurosa, resuma la experiencia de reforma y apertura de los últimos 30 años – que progresos y errores fueron cometidos” ; y así corregirlos. Por último, reclaman un principio de meritocracia de los candidatos al congreso, así como elecciones directas y abiertas al Comité Central.

Conclusiones

Desde mi punto de vista, y a pesar de que Hu representa, en contraste con Jiang Zemin, un modelo de crecimiento más sostenible en lo social y ecológico, en términos estratégicos persiste el apuntalamiento de la línea economicista de priorización completa del desarrollo de las fuerzas productivas dejando ausente la “lucha de clases” (“considerar la lucha de clases como elemento fundamental es un error” – Hu dixit-). En consecuencia, esto supone tanto el abandono del carácter emancipador de la lucha por una construcción de unas nuevas relaciones hegemónicas de producción, como la asunción de la “neutralidad” del Estado ante distintas las formas de propiedad de los medios de producción. La calificación de economicista, no se hace de forma gratuita: los conceptos del PCCh siguen teniendo asidero ideológico marxista. Sin embargo, conviene preguntarse si estos conceptos se utilizan para engañar o calmar a la oposición interna de izquierdas o porque asumen científicamente la concepción materialista de la Historia.

El señor Jintao debe saber que no puede “estar en misa y replicando” . Una cosa es que los intereses de la clase obrera hegemonicen un partido de composición social policlasista y otra el ser neutral y equidistantes ante las clases sociales. Manteniendo la hipótesis de que los dirigentes chinos no tienen un pelo de tontos, son conscientes, pues, de que gestionar esa contradicción no es nada fácil para afrontar la construcción de un discurso coherente y definido, siempre necesario para justificar – y ejercer- el mantenimiento en el poder del PCCh. Algunos considerarán al interclasismo, en sí mismo, como una “contradicción antagónica”, otros como una “contradicción no antagónica” que se transforma en antagónica cuando se resuelven tareas previas correspondientes al nivel de desarrollo histórico alcanzado. Ésta segunda tesis sigue teniendo asidero ideológico en el marxismo aunque bordea el economicismo ya que plantea que hay que cumplimentarse unas premisas históricas previas para construir una sociedad nueva. Marx en el Prólogo de la Contribución a la Crítica a la Economía Política, escribió que hasta que no se completara el desarrollo de las fuerzas productivas del anterior modo de producción: no se iba a construir el nuevo. Dijo esto y paralelamente luchó para que la Comuna de París implantara un régimen socialista. Así pues, la problemática de la superación del modo de producción capitalista y la problemática de la toma del poder, están relacionadas, pero implican premisas objetivas diferentes.

Los comunistas chinos sostienen que mientras la contradicción principal sean las crecientes demandas materiales populares y el bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, China persistirá en el etapa primaria del socialismo. El problema crucial y evidente consiste en la reversión de la formación socio-económica china a una acumulación originaria del capitalismo valiéndose de la expropiación a la propiedad pública y el aumento de la explotación de la clase obrera, por la vía de la hegemonización de la base económica por el sector capitalista. Desde luego si se sigue la vía de no hacer nada en términos de potenciar un sector socialista definido y cohesionado, inevitablemente el régimen adoptará una naturaleza clara burguesa en toda su superestructura. Y es que abrir la jaula al pájaro – mercado de capitales – trae inversión, pero también muchos problemas y un poder económico emergente.

En el plano teórico, la línea Deng Xiaoping puede tener un antecedente histórico en la vía bujarinista al socialismo – base estratégica de la NEP-, cuya hipótesis es que al menos los países subdesarrollados pasarán una etapa previa entre capitalismo y socialismo donde coexistirán y competirán los dos sectores económicos, uno capitalista y otro socialista, bajo la autoridad del Estado proletario. De ésta forma se introducirán sinergias –efectos multiplicadores – al potenciar todo el interés privado y colectivo para impulsar el desarrollo económico, liberando las fuerzas productivas y aumentando la base social del régimen. Todo ello, teniendo la certeza, según Bujarin, de que el modo de producción socialista se impondría al modo de producción capitalista por su superioridad productiva e ideológica. Esto contrasta con la actitud de los actuales dirigentes chinos, que teniendo como bandera el “importante pensamiento de la Triple Representatividad”, concentran sus energías en ser vanguardia de los sectores sociales creativos y emprendedores, así como promover el modo de producción de vanguardia – lo más avanzado en términos científico-técnicos- dejando de lado el fomento de las relaciones de producción de vanguardia desde la perspectiva emancipadora.

Si hundimos el bisturí del análisis sobre estos conceptos, nos daremos cuenta que el desarrollo de las fuerzas productivas también contiene elementos destructivos y no son neutrales, ni se puede equiparar al crecimiento económico aunque en china han estado íntimamente ligados. Otra verdad es que sin una base material-científico técnica ninguna sociedad se puede plantear retos emancipadores de gran escala como la reducción drástica de la jornada laboral. Pero, ¿quién establece cuanto hay de reaccionario y cuanto hay de progresivo en el proceso de estos últimos 30 años en China? Si les preguntamos a los 400 millones de pobres que salieron de la pobreza nos dirán que esto no lo cambian por nada, otro tanto (o más) nos dirá la burguesía emergente mientras mueve sus fajos de billetes y alardea de sus lujos. El proletariado estatal, en el mejor de los casos, se lamentará de su perdida de estabilidad y sentirá nostalgia de sus escaqueos funcionariales, en el peor, vivirá con indignación al ser tratado como carne de cañon para los nuevos capitalistas, pero finalmente mirará a la despensa y dirá que ahora hay más opciones de productos básicos a pesar de que ahora quien lo limita no es el racionamiento sino la restricción presupuestaria.

Los trabajadores de empresas multinacionales sufrirán el tiempo de trabajo, que les absorberá gran parte de su vida, pero sus dudas existenciales vendrán de la mano de su poder adquisitivo actual, mayor que en décadas pasadas. El campesinado pobre se proletariza, emigra y sufre del mismo modo que sufrieron millones de campesinos en el proceso industrializador europeo del siglo XIX y XX. El mundo rural de haber sufrido un importante retroceso en materia educacional y sanitaria con la liquidación de las comunas maoístas y el consiguiente fin del traslado de personal de las ciudades; actualmente, tras la mecanización integral del campo, la cesión de la propiedad sobre el excedente y la liberación de los impuestos a los campesinos, el campesinado medio es uno de los grandes sostenedores del régimen. Cierto es que no todo es economía, pero sin estómago tampoco hay ideología.

La peculiaridad histórica del PCCh es que ha ejercido toda la autoridad patriótica para mantenerse en el poder. Esa fuente de legitimación ha sido conquistada al garantizar la existencia como nación a China, y ésta legitimidad conecta con el imaginario colectivo del pueblo chino, puesto que al igual que Cuba y Vietnam, fueron países humillados por el colonialismo en un pasado relativamente reciente. Esta identificación con este sentimiento popular patriótico, e incluso nacionalista, junto con la opinión pública favorable a una política de elevación de rentas a todas las clases sociales, hace crear la base material de la legitimidad histórica del PCCh.

China esta cumpliendo, en términos del materialismo histórico, una etapa burguesa progresiva sin ajustarse a una superestructura capitalista puesto que conoce las limitaciones de la misma para dirigir un proceso de escala histórica. En 50 años China ha transitado de una civilización feudal, subdesarrollada y oprimida humillantemente por el imperialismo, a ser una nación respetada, colocándose en primera línea de la civilización industrial moderna.

No hay vuelta atrás, sólo vuelta hacia delante. El socialismo en China, ha tenido experimentos atemporales con enorme riqueza y con un nivel de debate ideológico que habrá que recuperar para el futuro. La actual revolución de las fuerzas productivas chinas está provocando la emergencia acelerada de una nueva burguesía, pero paralelamente a la misma, un gigantesco nuevo proletariado urbano que está engrosando las filas de la clase obrera mundial. China está agudizando las contradicciones en el orden imperialista y la dinámica de acumulación de capital; no porque así lo desee subjetivamente, sino por una consecuencia objetiva de su emergencia. Dudas sobre el futuro del régimen chino hay muchas, pero no existe ninguna duda que la lucha de clases escribirá sus próximas páginas históricas fundamentales en chino.

Mantengámonos atentos a los acontecimientos que determinarán los destinos de la humanidad. La revolución estrictamente socialista la protagonizarán, ya sea producto de un movimiento interno del PCCh o por fuera –aún menos probable-, las siguientes generaciones. Antes de que eso ocurra todavía estamos a tiempo de aprender chino y aprender de la experiencia china, para poner luz sobre la espantosa ignorancia y el oscuro egocentrismo que solemos proyectar los occidentales.


(*) Pablo G. V. es militante de Comunistas 3.

Pablo G. V.

 
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