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MÁS MEMORIA HISTÓRICA








La indignación rebelde ante la injusticia humana es el código genético del ser consciente, de la persona que se resiste a la deshumanización de la sociedad, del revolucionario. La democracia entendida como simple libertad para votar cada cuatro años o para poder gritar en la calle sin que la clase dominante haga caso se queda en mera cáscara vacía.

La izquierda de salón ha querido quedar bien con la aprobación de la llamada Ley de la Memoria Histórica pero ha resultado un bluf, una pose, un gesto de cara a la galería. Tratar por igual a víctima y a victimario no sólo constituye una injusticia sino que dicha presunta equidad se transforma en aberración histórica. Y eso es lo que dicha ley supone. El considerar “ilegítimas” las sentencias franquistas de condena a los demócratas republicanos perseguidos por el fascismo nacionalcatólico y no “ilegales” no deja de ser reconocimiento implícito de la legalidad de un régimen que supuso más de un millón de muertos y desaparecidos en todo el Estado español y más de tres mil en Canarias, donde la dictadura se cebó inquinariamente con los trabajadores, con los socialistas, con los comunistas, con los pobres. ¿A qué juega la socialdemocracia?

La derecha fascista del Partido Popular y sus voceros mediáticos, militares y clérigos insiste en hablar de las checas, de los desórdenes de la II República, de los mártires católicos. Los Zaplana, Rajoy, Jiménez Losantos, Rouco Varela, Camino, el ex grapo Pío Moa y demás redomados antidemócratas silencian el dolor sufrido por miles de personas en el Valle de los Caídos español, en el exilio forzoso a Méjico, Argentina, U.R.S.S., Alemania, etc. con lamentables consecuencias para innumerables familias que jamás supieron de sus seres queridos. Todo por defender la legitimidad del gobierno republicano amparada por comicios electorales, por las urnas, por la sanción democrática del pueblo. Se dice que hay más de 4.000 fosas comunes sólo en Andalucía. En Canarias, qué decir que no sepamos ya de los asesinados en los Pozos de Arucas, en la Sima de Jinámar, en la marfea de La Gomera, en los bosques de Fuencaliente… Y se atreven a hablar de que la izquierda quiere dividir a los españoles y españolas. Los que hicieron de la palabra miseria y de la bala su mayor argumento. Esos que aplaudieron con frenesí la delación del patrón, del cacique, del cura reaccionario hacia el jornalero que protestaba por las largas jornadas de trabajo a cambio de un plato de comida o una simple cebolla convertida en nana, como decía Miguel Hernández.

Es necesario más memoria histórica. Recordar a los republicanos canarios y españoles. A los más de 30.000 argentinos desaparecidos en la época de los tiranos Videla, Galtieri y Massera. A los chilenos torturados. Las manos cortadas de Víctor Jara. Los secuestrados y vejados en el Estadio Nacional de Santiago. Memoria en el sentido universal de la geografía humana.

La memoria se pierde si no se ejercita. Benedetti decía que el olvido está lleno de memoria. Pero si olvidamos será la socialdemocracia tonta y el fascismo insultante los que decidan qué se debe recordar y qué no. Y no pueden pasar. Debemos recordarles que el pueblo canario está despertando a pesar de que el miedo se apoderó de él por culpa del fascio pero que la memoria de Javier Fernández Quesada seguirá viva entre la gente buena en el buen sentido de la palabra, como decía Antonio Machado –otro represaliado que murió en Colliure, Francia- a pesar de que la socialdemocracia tonta y cómplice no lo incluya en dicha ley.

Más memoria. Para no olvidar a los trabajadores y trabajadoras que defendía Bertolt Brecht y que sufrieron el azote del nazismo. Para no olvidar a los caraqueños muertos en la era de Carlos Andrés Pérez por quejarse ante el aumento del precio de la arepa y del pan. Para no olvidar a los muertos en Hiroshima un 6 de agosto de 1.945 por las bombas del Enola Gay. Para no olvidar a los saharauis torturados en la Cárcel Negra de El Aaiún.

Para no olvidar que todavía quedan calles en Canarias con el sanguinario nombre de Francisco Franco, José Antonio Primo de Rivera, García Morato o Pedro de Vera.


(*) Rubén Alemán Sánchez es miembro del Consejo Nacional de UNIDAD DEL PUEBLO.

Rubén Alemán - consejonacional

 
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