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Pakistán: ¿Qaedastán y talibanización benditas por Bush?

BAJO LA LUPA







La pulverización democrática de Pakistán se escenifica en medio de la tercera guerra mundial “en proceso”, que se subsume por la quiebra del sistema financiero anglosajón y sus derrotas militares en Eurasia.

El venerable lord Rees Mogg, portavoz oficioso de la reina de Inglaterra, vincula los severos problemas financieros de Citigroup, el otrora mayor banco del mundo, a la desestabilización de Pakistán como una genuina “crisis global” (The Times, 5/11/07).

Descontando sus contenciosos previos al 11/9 (sus tres guerras con India y la disputa por Cachemira), a “alguien” le conviene la desestabilización de Pakistán, donde predominan tres factores que definen su adhesión a la anglosajona “guerra contra el terror”, bajo una ayuda militar bushiana de 10 mil millones de dólares:

1) Obstaculizar la salida de China al mar (con la que comparte más de 500 kilómetros de frontera) al puerto de Gwadar (en la provincia de Baluchistán, pletórica en gas y empujada a la balcanización por la dupla anglosajona para golpear a Irán por la retaguardia oriental), que se ubica en el mar Arábigo y en los linderos del golfo de Omán y el estrecho de Ormuz, en la fractura tectónica geopolítica del siglo XXI. El superestratégico puerto de Gwadar es construido por China con el fin de acceder al petróleo y el gas del golfo Pérsico.

2) En el contexto del arrepentimiento in extremis de India al acuerdo de intercambio de combustible nuclear con el régimen torturador bushiano, Washington ha fustigado el acuerdo de un oleoducto entre Irán e India (muy vulnerable desde el punto de vista energético, al importar 70 por ciento de sus necesidades), que atraviesa el suelo paquistaní (al incandescente Baluchistán) y bendito tras bambalinas por China y Rusia. ¿Es India puesta en jaque por su inesperado arrepentimiento?

3) Las presiones de Estados Unidos para usar el territorio paquistaní (y Baluchistán) como plataforma de un ataque contra Irán, según las estrujantes revelaciones del general retirado Hameed Gul, anterior jefe de los célebres servicios de inteligencia (ISI, por sus siglas en inglés), “con el fin de endosarle a Pakistán la culpa del error de Estados Unidos en Afganistán” (Pak Tribune, 6/11/07).

Sin perder de vista que Pakistán es el “país del 11/9”, como lo bautizamos en CNN (en español), también ha resultado el país más peligrosos del planeta. Según el geoestratega y ex premier ruso Evgeny Primakov, Pakistán, un Estado relativamente pobre hasta ahora, al no haber podido explotar su plena potencialidad geoeconómica y geopolítica, representa el único país sunita del planeta dotado de armas nucleares y epitomiza el segundo país islámico más poblado del mundo, con 165 millones de habitantes (detrás de Indonesia y antes de Bangla Desh), de mayoría sunita pero con una importante minoría chiíta (22 por ciento). Comparte fronteras con Afganistán (2,430 kilómetros), China (523 kilómetros), India (2,912 kilómetros) e Irán (909 kilómetros) y posee una línea costera de 1,046 kilómetros en la colindancia del golfo Pérsico.

Constituye una perogrullada poner en relieve que Pakistán controla los célebres “pasos” montañosos de Khyber y Bolan: las rutas tradicionales de invasión entre el subcontinente indio y Asia Central.

El aliado incómodo de Baby Bush, el general Pervez Musharraf, es un personaje de gatillo fácil y estuvo a una micra de lanzar bombas nucleares contra India en la “guerra de los glaciares” de 1999 en Kargil, como revela el libro de Adrian Levy y Catherine Scott-Clark Engaño: Pakistán, Estados Unidos y la conspiración de las armas nucleares globales.

La prensa vecina de Pakistán (India, China, Irán y hasta Rusia) toca con pinzas quirúrgicas el “estado de emergencia” decretado, mientras en forma farisea los multimedia anglosajones fustigan etéreamente el militarismo paquistaní. Más allá de la hipocresía de Bush, puesto en ridículo por las evidencias en su flagrante colusión con el militarismo paquistaní, el Pentágono prosigue incólume su “asistencia militar” al general Musharraf, a quien han cobijado desde su muy preparado golpe militar de hace nueve años (dos antes del 11/9).

Estados Unidos y Gran Bretaña juegan ahora la “carta democrática” de Benazir Bhutto, mientras Arabia Saudita (un aliado fundamental de Pakistán) maneja la “carta Nawaz Sharif”. Pese a su alianza con el régimen torturador bushiano en su fracasada “guerra contra el terror global”, el general Musharraf se ha inclinado sutilmente hacia China (incluso a India e Irán).

Podrá ser el peor espécimen del mundo, pero el general Musharraf sabe demasiado de estrategia y se ha adelantado a la derrota anglosajona en Afganistán, que “huye hacia delante” mediante la balcanización y la vulcanización de las fronteras de Pakistán con Afganistán e Irán (Baluchistán), donde se han sobrexaltado la célebre etnia de los “pashtunes”, los talibanes, los baluchis y los jihahadistas-salafistas. Tal es la verdadera “emergencia” de Pakistán, donde las fuerzas centrífugas parecen superar a las fuerzas centrípetas desde hace ocho meses ininterrumpidos: desde la defenestración del magistrado supremo Iftikar Chaudry, pasando por la toma sangrienta de la “Mezquita Roja”, hasta el fallido acuerdo de transición Musharraf-Bhutto alentado por la dupla anglosajona.

La situación de Afganistán, donde Estados Unidos y la OTAN mantienen 26 mil soldados agazapados, es inextricable de Pakistán por sus vasos comunicantes étnicos, religiosos y tribales, que han llevado a la casi secesión de las “zonas tribales” y hasta la creación de Waziristán y/o Qaedestán: un califato coaligado entre Al Qaeda y los talibanes que luchan contra un ejército poco convencido de su misión bushiana.

Pakistán no es firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN) y cuenta con 100 bombas atómicas “clandestinas”, a diferencia de Irán, que carece de bombas nucleares y es firmante del TNPN. Pakistán es festejada y/o tolerada por Estados Unidos y la Unión Europea, hasta cuando propina otro golpe de Estado dentro del previo golpe, mientras Irán es exorcizada. ¿Dónde quedó René Descartes?

A “alguien” (¿a la “mano invisible”, ya muy vista, del neoliberalismo global en caída libre?) le conviene sembrar las fronteras paquistaníes de China, India e Irán, en las cercanías centroasiáticas de Rusia, con bombas atómicas en manos de los jihadistas-salafistas sunitas de Al Qaeda (Al CIA, para los amigos) y los talibanes medievales, lo cual ya se volvió una temática académica en Estados Unidos, como escudriña a destiempo la Iniciativa de Amenaza Nuclear de Harvard (The Financial Times, 8/11/07).

Los seguidores del inasible Osama Bin Laden ya tienen su propio emrirato jihadista-salafista; solamente les falta la bomba nuclear escondida en una cueva. La amazona Benazir Bhutto, quien contribuyó al ascenso al poder de los talibanes en Afganistán (con bendición anglosajona), acusó no hace mucho desde su refugio londinense que Osama (si es que todavía sigue vivo) se encontraba despachando en el sótano del palacio presidencial del general Musharraf, quien también mantiene hábilmente vasos comunicantes con sus dizque perseguidos.

Todos los actores juegan doble en Pakistán. A ver en qué acaba tanta doblez y quién sale ganando: seguramente no serán Bush ni el género humano.


(Fuente: La Jornada)
Alfredo Jalife-Rahme

 
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