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Suena duro, pero hay que decirlo (VI)









La paz de Colombia está en no olvidar su tragedia, si de verdad se trata de querer alcanzar un mañana entre hermanos, un mañana donde todos contribuyan a extinguir, secar, purificar, esos pestilentes charcos de sangre, necesitan todos los colombianos entender y aceptar que las prioridades son las de Colombia y no la del extranjero y que todo lo que hay que hacer, es necesario hacerlo solo entre colombianos.

Afirma el periodista colombiano Germán Castro Caicedo: “Estoy seguro de que si nos lo permiten, y si algún día llegamos a tener al frente del país a una generación que conozca la dignidad, Colombia será capaz de dar sola el primer paso para construir su mañana.”


TERCERA PARTE:


Pero, mientras esto llega, Colombia internacionalmente es vista como un enorme monstruo destructivo que camina sobre los inmensos charcos de sangre de sus mismos hijos, es monstruo con estomago imperialista, oligárquico, su pecho lo apertrecha de odio y venganza social, sus brazos los mantiene listos para violar la paz y sus siete diminutas cabezas están llenas de exterminio esquizofrénico, de ira hambrienta de sangre. Es un monstruo, como lo dijo: El líder asesinado Luís Carlos Galán, en uno de sus discursos “esta violencia es un monstruo bueno para una gran película tenebrosa de acción y aventura.”

Pero uno que conversa con la gente de tu a tu, uno que tiene familia y amigos que sufren las consecuencias que vive la hermana nación, está conciente que para conseguir la paz se tienen que poner de acuerdo sobre lo que ella representa para los distintos estratos. Porque para los de arriba, la paz, dicen ellos, es que finalicen los secuestros, para los del medio, que haya empleo, salud, educación y para los de abajo, que haya comida, ropa, vivienda, servicios públicos. Por eso la paz política, la que se está consiguiendo con los rebeldes, tiene muchas, pero muchas condiciones sociales y quienes gobiernan solo escuchan la voz del imperio, no les interesa para nada, y no la tienen como una preocupación prioritaria, poco les importa aquellos que están produciendo y enfrentándose a la vida.

Sin embargo se ve todavía en algunos la idea altruista de la paz y a la vez una suma de preocupaciones donde mantienen latente el temor de lo que puede suceder con el “cese de fuego”, “sin el cese de las condiciones de injusticia”, que hace muchos años sacaron la gente de la región rural, monte, selva, campo, etc. y donde hoy se están invitando a regresar. ¿Podrán las fuerzas rebeldes dejar de disparar sus armas? ¿Podrá el gobierno detener la inflación, el desempleo y todas las injusticias sociales que hoy mantienen?.

Bueno, lo cierto es que así llegamos a ese famoso domingo 5 de agosto de este año y se abrió una rendijita de luz, de esperanza, cuando la senadora colombiana Piedad Córdoba, aprovechó la invitación que le había hecho el Presidente Venezolano Hugo Chávez a su programa “Alo Presidente”. Allí, ella públicamente le solicito en directo que ayudara a Colombia y que por su intermedio era seguro de que se iba a lograr un grande trabajo para conseguir la paz de su nación.

El mandatario venezolano le respondió que con mucho gusto estaba dispuesto para tan delicado trabajo, pero que eso dependería también de su homólogo colombiano Álvaro Uribe, quien no dudo en responderle lo positivo que era tal hecho y a partir de ese momento se abrieron puertas y ventanas.

Las esperanzas de toda Colombia y especialmente de los familiares de las victimas, enarbolaron nuevamente la bandera blanca de la paz y en su mayoría vinieron a conversar con el presidente venezolano, quien les prometió hacer todo lo humanamente posible para conseguir una solución humanitaria que les aliviara el alma a todos.

Desde ese momento las conversaciones fueron positivas y la senadora viajó a los estados unidos y se reunió con familiares de los norteamericanos secuestrados y con dos guerrilleros que están siendo juzgados por el gobierno Yanqui. El presidente venezolano, creído de la bondad, de la honestidad, del sentido humano de su hermano del alma, se confiaba y nunca se imaginó el papel de tondo útil que iba a jugar en su destino, a pesar de que se lo advertimos el día 2 de Septiembre en un trabajo de información publicada en Aporrea, que se llamo “Jugando con fuego”.
Informaciones que fueron obtenidas por el Comando Politológico de información Internacional, que siempre ha buscado la manera de mantenerlo informado de las cosas que no le llegan, ni le hace saber sus cuerpos de inteligencia.

(…Continuará)

Víctor J. Rodríguez Calderón

 
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