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La Constitución, los medios y Kucinich

Ha sido una semana extraña. Para mí, una semana particularmente extraña. Pero esa es otra historia. Así que, esperad un minuto. ¿Irán NO TIENE capacidad de arma nuclear? Por lo tanto: ¿a quién vamos a bombardear? ¡Quiero bombardear a alguien!

¿No acaba de votar la senadora Clinton esencialmente por dar al presidente Bush el poder para bombardear Irán? Si lo hubiera hecho la semana pasada, ¿habría tenido razón la senadora? Quiero decir, ¿si sabía entonces lo que sabe ahora? ¿O veo las cosas al revés? Dios mío, estoy confundido.

¿Y el presidente Bush? Esta semana, Vladimir Putin, el hombre del que Mr. Bush dijo que “le miré a los ojos y descubrí que era muy directo y digno de confianza.” Tanto que “pudo sentir su alma.” Bueno ese tipo enternecedor acaba de juntar la más peligrosa base de poder en Rusia desde la Guerra Fría entre rumores que incluyen afirmaciones de que ordenó asesinatos de periodistas y el encarcelamiento de destacados defensores de la libertad (¡Huy!)

Mientras tanto, el gran enemigo de nuestro presidente en Venezuela, Hugo Chávez, ese “totalitario,” “autoritario,” “dictador,” ese “demente frenético,” de algún modo no tuvo éxito en su propuesta de reformas constitucionales que habrían permitido que fuera repetidamente reelegido de por vida... ¿um?

Extraña semana, ¿sabéis? De verdad.

¿Qué pasó con la “tiranía” de Chávez? ¿Su “corrupción electoral?” ¿Su presunto “amordazamiento de la prensa?” ¿Cómo diablos puede haber perdido? Lo siento: ¿se me escapó algo?

¿Cómo es posible que ese “cabrón comunista” elegido por un 80% de sus ciudadanos para comenzar, no haya podido imponerse? ¿Será que nos mintieron sobre su persona? Quiero decir, Pat Robertson no es mentiroso, ¿verdad? Su dios no permitiría que sucediera algo semejante, ¿verdad? Y Dios nos libre, ¿permitiría nuestro Dios que los eruditos derechistas, los corporativos izquierdistas, o nuestro propio gobierno nos pasen gato por liebre?

Es posible, quiero decir, sé que es una tontería, ¿pero será un poquito posible que el presidente Chávez sea en realidad un defensor de la Constitución de su pueblo? Eso, ¿es por eso que pudo fracasar su referendo? Y eso, ¿es por eso que lo aceptó con tanta afabilidad? Una Constitución que voy a tener que leer varias veces. Un documento harto hermoso, no tan diferente del nuestro. Podríais leerlo. Oh, se me había olvidado – es un “narcotraficante.”

Quisiera compartir algo contigo. Tarde, una noche en Caracas, encontré a un par de sujetos, mercenarios creo que los llamáis. Maldita sea, sigo haciendo lo mismo. Quiero decir “contratistas.” Eran británicos: su especialidad: el control de la droga. Los dos no eran grandes hinchas de Chávez. Lo llamaban “radical” y pensaban que sería víctima de la bala de un asesino dentro de un año. Gústeles o no, tenía el dinero necesario para lograr que aceptaran sus empleos. Y trabajando con militares venezolanos, estos dos, basados en Caracas, habían recorrido la frontera montañosa y selvática entre Colombia y Venezuela. Una zona llena de paramilitares, guerrilleros de las FARC, y mer... borren eso, contratistas. Lo que me dijeron esa noche esos titiriteros con cuerda de piano fue que nunca habían trabajado para un gobierno que haya invertido genuinamente tanto en el control de la droga. “Sí,” dijo uno de los de los británicos, “Tengo que reconocer que lo hace.”

Pero estaba hablando de la Constitución. Más importante aún, de la nuestra. Y de lo extraña que ha sido la semana. Nuestra cultura tiene grabada una tradición que borra la línea entre lo que es correcto, lo que es justo, constitucional, y lo que es un engaño. Esa tradición es el culto de la personalidad. Lo que la televisión puede vender, el tipo de basura que nos tragamos. Y hasta qué punto compramos y vendemos nuestros derechos, nuestro orgullo, nuestra bandera, nuestros hijos, y sucumbimos ante consignas faltas de contenido que en última instancia no son más que títulos para el “antiamericanismo.” ¿Cómo sabemos lo que es estadounidense y lo que no lo es? ¿Porque John Wayne nos lo dice? ¿Porque Sean Penn nos lo dice? ¿Susan Sarandon? ¿Bill O’Reilly? ¿Michael Moore? ¿El senador Mierda? ¿O el senador Caca? ¿Ann “mi evacuación intestinal” Coulter? No. Es nuestra Constitución. No la utilizamos sólo para ganar. Contamos con ella porque es el único “nosotros” que vale. Y porque es el patrimonio de nuestros hijos, de nuestros predecesores compartidos y de las tradiciones que realmente dicen lo mejor sobre nuestro país.

De modo que, ése es el problema. Ahora se nos viene Iowa, Nueva Hampshire está ahí mismo. ¿Qué vendemos para poder ser elegidos? Si Hitler fuera el único candidato, ¿sería ser más estadounidense si se votara por él? Súbete a un avión conmigo. Bueno, ahora estamos sobre Oriente Próximo... Aterricemos. Respiremos profundo.

Imaginad los cuerpos, quemados y mutilados, los ruidos concusionarios del fuego de fusiles y de los explosivos que definen los últimos momentos horripilantes de los moribundos y de los muertos. Imaginad los millones de refugiados que huyen por los desiertos de Iraq, los bebés que lloran, y el hedor de la muerte en el aire. ¡Qué asco! Volvamos al avión y a casa.

Ahora, imaginad a los soldados estadounidenses muertos o descalabrados, volviendo de un ejército descalabrado a un ataúd silencioso o a una administración descalabrada de veteranos, a vidas descalabradas y a negocios descalabrados, esposas descalabradas, esposos de los que no se habla, a niños devastados. ¿Y todo para qué? ¿Qué hemos ganado?

El reclutamiento de al Qaeda aumenta. El terrorismo aumenta. La calidad de la vida baja en nuestro país y en todo el mundo. Mientras los ricos se siguen enriqueciendo y los pobres, más pobres y más numerosos. Estamos al borde de la recesión, y presenciamos la dramática desarticulación de la clase media en medio de un diluvio de ejecuciones judiciales y de deudas impagables. Para el infinito deleite de Osama bin Laden, nos hemos convertido en un país de violadores de principios en lugar de defensores de principios.

Somos torturadores, y demasiado a menudo encarcelamos sólo a los débiles. Cuando nuestro propio gobierno elige su agenda increíblemente anti-estadounidense (¿Para los que se la merecen? ¿Por los que se la merecen?) por sobre la Constitución en la definición de valores, principios y el derecho estadounidenses. Bin Laden se ríe de los carneros debilitados en que nos hemos convertido, y a nuestros representantes.

¿Graves crímenes y fechorías? ¿Y qué pasa con la traición hecha y derecha cometida al delatar a nuestros propios agentes de la CIA? ¿Y qué pasa con la traición hecha y derecha de aquellos que apoyan a este gobierno mediante la propaganda en los medios?

Aunque no propugno la Pena de Muerte, la ley existente prescribe que a tipos como Cheney, Bush, Rumsfeld y Rice, si son declarados culpables, se les coloquen capuchas, se les aten las manos, que enfrenten un escuadrón de 12 fusiles para que ejecute la pena de muerte por fusilamiento. Y nuestra Cámara de Representantes y Senado, con su cobarde control demócrata apenas pueden encontrar una voz dispuesta a proponer aunque sólo sea una recusación. Esa voz única de un solo estadounidense. Es la voz del congresista Dennis Kucinich.

Esto no va a ser una breve frase propagandística. No si puedo evitarlo. Estoy desgarrado. Estoy desgarrado entre la sabiduría convencional de lo que se nos dice a todos que es la elegibilidad y el idealismo que tal vez sea lo único que puede encarar los desafíos de nuestra generación. De los demócratas que se presentan para presidente, sólo la candidatura del congresista Dennis Kucinich está respaldada por un historial de voto con valor moral y por una historia de servicio a nuestro país que merece a pleno nuestro apoyo y nuestra gratitud. Y cuando digo apoyo, no hablo solamente a los demócratas, sino más bien a todo estadounidense que se tome el tiempo por cuenta de sus hijos, de nuestro planeta, y de nuestros soldados, para educarse sobre la plataforma de Kucinich.

En el reciente debate entre demócratas en Las Vegas, los candidatos, uno tras el otro, colocaron la seguridad por sobre los derechos humanos. Benjamín Franklin dijo una vez: “Cualquiera sociedad que renuncie a un poco de libertad para obtener un poco de seguridad no merecerá ni lo uno ni lo otro y perderá ambos.” Luego, hubo el bueno de Patrick Henry. ¿Le recordáis? “Dadme libertad, o dadme la muerte.” Esos eran tipos verdaderamente duros. Los verdaderos John Waynes.

Esas son las tradiciones que deberíamos servir. El debate me pareció indignante, casi un argumento a favor del fascismo con pocas excepciones, clave, entre ellas, Dennis Kucinich. Desde luego, en su calidad de estratega política, la Sra. Clinton sacó su juego de cuchillos Ginsu y dominó una vez más sobre estrategia política “centrista.” Al rechazar los ataques en su contra, la favorita recordó al público y a sus colegas candidatos que: “Somos todos demócratas.”

Wolf Blitzer preguntó a cada uno de los candidatos si apoyarían al otro si ellos mismos no fueran los ganadores. Uno tras otro, la respuesta fue: sí. Una excepción: Dennis Kucinich, quien en el tiempo mínimo que le asignaron, se alzó una vez más allá de la frase corta y colocó lo importante antes del partido; argumentó de política más que de cortesía. Ha sido la voz dominante de la integridad en los temas de comercio, trabajo, educación, medio ambiente, salud, libertades cívicas, y la única voz continuamente determinada por la paz.

¿Pero es demasiado chico? ¿No atrae su corte de pelo? ¿No es suficientemente leal a una plataforma demócrata cobarde? ¿No atrae al culto de la personalidad? ¿Y si la respuesta fuera sí? ¿Y si Dennis Kucinich, el más merecedor y noble de los candidatos, el más experimentado en los temas de política y el menos dispuesto a participar en la política del poder personal? ¿Y si no podemos elegir al hombre simplemente sobre la base de las mejores ideas, de mayor valor, y del servicio más desinteresado? ¿Qué nos dice sobre nuestros países si no podemos unir a las voces del bien común para apoyar a un hombre, como nuestros soldados, que están dispuestos a morir por nosotros, que están dispuestos a morir por nuestra Constitución? Alguien que, como alcalde de Cleveland con 33 años se enfrentó a contratos para quitarle la vida. Tres asesinos distintos con la intención de asesinarlo cuando defendió a sus electores en la ciudad.

Sin embargo, sigue adelante. Sigue activo.

He sido un partidario de Dennis Kucinich durante varios años. He sido desgarrado por el atractivo de la “elegibilidad.” Comencé a invertir un cierto apoyo en un hombre muy bueno (uno de los oponentes de Dennis) que parece considerarse un defensor de la Constitución, pero todavía no lo es. Se encuentra, sin embargo, entre aquellos que permitimos que los medios distingan como elegibles. Pero aquí estamos hablando de la Constitución. Estamos hablando de nuestro país. He decidido no participar en el apoyo anticipado sobre la base de las distinciones mediáticas. He elegido dar mi apoyo al único representante, el más fuerte y probado, de nuestro mandato constitucional.

Dennis Kucinich nos ofrece una oportunidad muy única mientras compartimos este instante sobre la tierra. Nosotros, el pueblo. Es cosa nuestra determinar lo que es elegible. Y es así de simple: Si nosotros, aquellos de entre nosotros que creemos sinceramente en la Constitución de EE.UU., todos nosotros, votamos por Dennis Kucinich, será elegido. ¿Así que podemos llamarlo elegible? Si es así, EE.UU. será más estimado que nunca.

Recordemos a nuestros amigos en los círculos sociales de Nueva York y a los cultos y acaudalados amigos de los vencedores de las grandes ciudades que apoyan a la Sra. Clinton, que no se trata de Bill Clinton. A pesar de todos los recelos que siento sobre nuestro ex presidente, confortó por igual a amigos y oponentes, su gran don como motivador de interés y activismo, de auto-educación y participación fue, por su propio mérito, un don singular. Pero no subestimo las agendas personales, las que iniciaron el NAFTA, traicionaron a los refugiados haitianos y los derechos gay en las fuerzas armadas, un minuto después de su propia elección. No subestimo esa parte de su persona cuando presta a su mujer la cara de su talento. No subestimo el daño que la ponzoñosa ambición de ella puede hacer a este país. No podemos esperar hasta contar con el beneficio de la retrospectiva para juzgar el beneficio de la carrera de la Sra. Clinton.

Alcémonos, hombres y mujeres de visión, integridad, de creencia en nuestros principios. ¿Cuán excitante sería si lo hiciésemos? ¿Que bueno sería para la televisión? ¿Y si hiciéramos lo contrario de lo que esperan de nosotros? Imaginad en la televisión: nuestro país alzándose a favor de un líder porque representa a nuestra Constitución.

Sí, las cosas buenas pueden constituir buena televisión.

Así que, volvamos a leer la Constitución, ¿de acuerdo? Y luego decidamos cuál es su mejor defensor posible. Sugiero que republicanos, independientes, y demócratas por igual descubrirán lo que saben en sus corazones y mentes, lo que es realmente correcto.


(Fuente: CounterPunch.org/Rebelión)
Sean Penn

 
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