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Las Humanidades como inspiración de los avances científicos

Esta comunicación tiene por objeto poner de relieve la importancia que las Humanidades, en particular la literatura, tienen y han tenido a lo largo de lo historia, como inspiración y motor de muchas empresas cientificas en las que el hombre se ha empeñado. Los cambios más espectaculares que la humanidad ha experimentado no han sido propulsados por el primitivo instinto de supervivencia, sino por la creación imaginativa del ser humano.

Hace un millón de años, cuando en el corazón de África un simio se puso en pie, en nuestro mundo la realidad sufrió un desdoblamiento. Por una parte estaba la realidad física existente durante millones de años, donde los seres que la habitaban llevaban una existencia animal, simple y sin más necesidades que la de sobrevivir. Paralela, aparece una nueva realidad que surge dentro del hombre mismo. La necesidad insaciable de su cerebro, que pasó de medir quinientos centímetros cúbicos a medir mil quinientos. Un cerebro compuesto por centenares de pliegues y millones de neuronas, lístos para ser ocupados con información sobre la realidad circundante, en el impulso imparable de una evolución dinamizada desde el impacto del Big Bang. Producto de esta evolución es la palabra, primera señal de la humanización, como nos recuerda el primer libro de nuestra cultura occidental: la Biblia, “En el principio fue el Verbo...”

A partir de este hecho, la nueva realidad -que llamaremos secundaria- empieza a adquirir dimensiones incontrolables, apoyándose en elementos de la realidad primaria. A continuación van apareciendo nuevas realidades que van tomando elementos de las anteriores y que se multiplican como en la sala de espejos de una feria. Nace así la fantasía, uno de los principales ingredientes de las mitologías, de los relatos populares ya sean orales o escritos, y de los relatos cultos: o sea, la literatura.

En la literatura encontramos numerosas narraciones que han inspirado a muchos hombres ya sean científicos, en el sentido estricto de la palabra o meros aficionados, a llevar a cabo empresas que en determinados momentos de la historia eran inconcebibles.

Un ejemplo lo tenemos en el eterno deseo de volar como los pájaros que el hombre ha experimentadeo a lo largo de su existencia. Lo encontramos en muchas mitologías. Los pájaros han exitido en la tierra desde la noche de los tiempos pero fue Leonardo da Vinci, hace apenas medio milenio, quien primero planificó científicamente un artefacto que le permitiera remontar vuelo. Leonardo pudo haber estado inspirado, además de por la mitología , por la historia de Simbad y su alfombra voladora que encontramos en Las mil y una noches. La alfombra voladora utilizada por nuestro marino pudo haber inspirado a los inventores del autogiro, el avión, el paracaídas, así como las actuales alas delta, y los tan populares parapentes de hoy en día.

También en las mitologías se nos habla de dioses y semidioses que habitaban en las profundidades marinas, hecho impensable en las épocas en que tienen lugar dichas hazañas. Tuvo que llegar Julio Verne e inspirar con su obra Veinte mil leguas de viaje submarino, no sólo al inventor del sumergible, sino también al inventor del equipo de buzo que hoy, ya muy evolucionado, permite a los submarinistas moverse a sus anchas en un medio que durante millones de años fue hostil al hombre. Julio Verne es así mismo inspirador de los viajes al espacio exterior con Viaje a la Luna. Apenas un siglo después, aproximadamente, ese sueño se ha hecho realidad. Ya en el siglo XX, el profético guión de Arthur C. Clarck y Kubrik para el film 2001 Una odisea del espacio donde se narran hechos que transcurren en una estación espacial en el año 2001, como su título indica, y que se han visto materializados precisamente en el año mismo de la narración. El hombre contemporáneo ve como se consolida algo que fue imaginado hace apenas cuarenta años.

Podríamos encontrar fuentes de inspiración para los inventores de la radio, el cine y la televisión en los mismos textos sagrados. Recordemos la zarza en llamas en el monte Sinaí a través de la cual Moises oye la palabra de Dios. Por otro lado el demonio tienta a Jesus llevándole a la cima de un monte, y desde allí le muestra una maravillosa e inexistente ciudad prometiéndole ponerla a su disposición si le adoraba, ciudad que desaparece cuando Jesús rechaza la oferta. El hacer aparecer y desaparecer imágenes es la función fundamental del cine y la televisión. Por otro lado, en el espejo de la madrastra de Blancanieves aparece la imagen del temible mago cada vez que la malvada reina lo invoca. Un ejemplo primitivo de televisión interactiva.

No debemos olvidar la varita mágica del hada madrina de Cenicienta. Desgraciadamente, esa varita mágica no impresiona hoy a los más pequeños, teniendo en cuenta que ellos están en posesión del mando a distancia, que les permite traer hasta la sala de estar los paisajes más exóticos y poner ante sus ojos las más increibles aventuras. Esa moderna varita mágica tiene otras muchas aplicaciones. Se puede utilizar desde para abrir y cerrar puertas, controlar toda clase de vehículos y artefactos, y hasta para dentonar explosivos destruyendo personas, ciudades y civilizaciones.

Tengamos en cuenta, así mismo, que El doctor Frankestein de Mary Shelley ha debido tener una gran influencia en los investigadores de la ciencia médica. No pocos han sido los experimentos que han seguido en la línea de lo que esta autora relata en su obra. Ya no sorprende a nadie oir hablar de un trasplante de piel o del reimplante de una mano, aunque fue el Dr. Barnard el primero en la historia que puso en pie a Frankestein.

En los sueños de eternidad del hombre no podemos olvidar los numerosos relatos de muertos que resucitan, como sucede en los Evangelios con Lázaro o la hija del centurión. Más recientemente en la literatura popular, la vuelta a la vida de Blancanieves al recibir el beso del príncipe (que dicho sea de paso, pudo haber inspirado a los médicos reanimadores). En el mismo guión de 2001 una Odisea del espacio tenemos un ejemplo de hibernación de los astronautas que debían ser vueltos a la vida al final de un viaje que duraba años. Ya por último tenemos a Michael Crichton con sus relatos sobre la experimentación genética, recordemos Parque Jurásico y otras narraciones con personajes que se resisten a morir y piden ser, de algún modo, reciclados con vistas a una hipotética inmortalidad.

Teniendo en cuenta lo hasta aquí expuesto, sería aconsejable que las sociedades avanzadas que últimamente tratan de arrinconar las Humanidades dando prioridad a la tecnología, reconsideren esta postura, dado que la Humanidad, como hemos adelantado, no avanza únicamente impulsada por cubrir sus necesidades materiales para la supervivencia, sino por los sueños tejidos por un cerebro humano inquieto, de capacidades aún desconocidas. No hay que olvidar el entiguo proverbio que dice: “No hay nada que la mente humana pueda concebir, que la mano del hombre no pueda realizar”.


Esperanza González-Grimón M.

 
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