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Solidaridad empieza por C

Los canarios siempre hemos padecido de endofobia como un fruto natural de la dominación colonial que sufrimos. Igual hemos minusvalorado nuestra historia como pueblo, historia que, generalmente, desconocemos por secular ignorantación impuesta, que hemos infravalorado nuestras capacidades y, por lo mismo, nuestras posibilidades. Ese "mirar pa'fuera" que nos caracteriza -otro síntoma más del síndrome del colonizado- hace que, al menos una parte importante de nuestro pueblo, se haya ido solidarizando con todas las causas libertarias o de liberación que en el horizonte vital de los canarios han existido, aunque -fenómeno colonial también- otra parte haya apostado por el mantenimiento de la opresión, algo parecido a la oposición que muchos campesinos rusos ofrecieron al decreto del Zar Alejandro II (1861) de emancipación de los siervos, porque, sin "señores", ¿de que iban a comer?

Podemos dar un repaso a los movimientos liberadores en América y en todos encontraremos canarios y la mayoría no encajan en ese papel de siervos de la gleba que claman por mantener su servidumbre a cambio de asegurar su ruin presente. Todo lo contrario. El primer movimiento anticolonial de toda la América moderna fue la "Rebelión de los Vegueros" de 1723, en que los vegueros canarios de Santiago de las Vegas se alzan contra la dominación española en Cuba y la explotación a que los sometía a través del "Estanco del Tabaco". La condición inferiorizada del isleño frente al español nos la muestra una cuarteta de la época colonial: "El Gobernador del Cayo/ ha ordenado con empeño/ que quien no tenga caballo/ que se monte en un isleño." Aplastada por el colonialismo la revuelta de los canarios en Cuba con la muerte de los isleños más destacados, a los que el Indio Naborí dedico una sentida décima que comienza con la cuarteta "Doce vegueros de acción/ terminaron su destino/ colgando del camino/ de San Miguel de Padrón...", el siguiente, y auroral, movimiento liberador continental lo protagonizó el herreño Juan Francisco de León en la Venezuela de 1749 cuando, "con gente de Caucagua, Guatire, Guarenas, El Guapo u otras comarcas se juntaron unos 800 hombres entre esclavos, indios y canarios que con Juan Francisco León a la cabeza y banderas encarnadas marcharon sobre Caracas entrando por Chacao" ... "rodeó la casa del gobernador con gente armada y al resto lo mandó apostarse en la Plaza de La Candelaria, siempre canaria, donde León tenía su casa..." (Diccionario Biográfico de Venezuela). Juan Fco. de León, murió en una cárcel de Cadiz y su casa caraqueña fue derruida y el solar sembrado de sal para que no creciera la hierba insurrecccional.

El "Precursor" y no solo de la independencia americana, sino de la integración de toda la América colonial española e inventor de la tricolor amarilla, azul y encarnada, era un "blanco de orilla", el Generalísimo Francisco de Miranda. "Cuando nació Sebastián Francisco de Miranda el 28 de marzo de 1750, hijo del canario Sebastián de Miranda y Ravelo y de la caraqueña Francisca Antonia Rodríguez Espinosa, en plena era colonial, la población bullía dividida desde muchos puntos de vista, no solo el racial, sino hasta por la procedencia......así, entre los blancos los había peninsulares, blancos criollos y "blancos de orilla". Los peninsulares eran los nativos de la Península Ibérica, orgullosos y vanidosos que se creían blancos nada más que por razones geográficas, siendo la realidad que los españoles eran y son un pueblo mestizo. Eso si, eran enemigos del trabajo. Los blancos criollos eran los hijos de los peninsulares nacidos en nuestra América. Eran ricos, pues heredaron de sus padres el fruto de la explotación inmisericorde de la riqueza de América. Como era de esperar tampoco los criollos eran afectos al trabajo, pues la herencia de sus padres les liberaba de tal necesidad. Los "blancos de Orilla" eran los canarios, provenientes, como su nombre indica, del archipiélago africano de Las Canarias. Eran tratados como gente de segunda categoría, carecían de "títulos nobiliarios" obtenidos durante la dominación de América, por lo tanto, no tenían nada que heredar por lo que tenían que trabajar, lo que permitió a muchos de ellos llegar a la abundancia. Precisamente fue el caso de Don Sebastián, que era un acaudalado comerciante..." ("Síntesis Biográfica del Generalísimo Francisco de Miranda". Revista Zeta dedicada a los 253 años de su muerte.28 de mayo de 2003. Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda. Estado Falcón). Blanco de orilla sería también, como hijo de lagunera, el General José Artigas, padre de la independencia Uruguaya, como lo fueron una pléyade de canarios, muchos innominados, desde Texas y Luisiana a Tierra del Fuego.

La última independencia americana tiene también el acento de la solidaridad internacionalista canaria. No solo por los Mayores Generales canarios como Salvador Hernández Ríos y Manuel Suárez Delgado, o los Generales Julián Santana, Jacinto Hernández Vargas y Matías Vega Alemán y Lucas Marrero, o los militares de alta graduación como el comandante Antonio Ramírez y el capitán Agustín Fleitas Santana, ambos muertos en combate contra las tropas españolas, sino y sobre todo, por los miles de canarios, algunos de mi propia familia, que combatieron en las filas mambises como simples soldados, incluso algunos ya alzados mucho antes del Grito de Yara como Manuel Martín, el para los españoles "bandolero" y para los cubanos "Rey de los campos de Cuba". Para calibrar correctamente lo que era esa presencia combatiente canaria hay que escuchar la palabra del propio José Martí: "Allá, hace años, no había en el presidio de La Habana penado más rebelde, ni más criollo, que un bravo canario, Ignacio Montesinos. Toda la ira del país le chispeaba en aquellos ojos verdes. Echaba a rodar las piedras como si echase a rodar la dominación española.......¿Quién mejor que este isleño podría llamarse cubano? Ni es raro que el hijo de Canarias, mal gobernado por el español, ame y procure en las colonias de España la independencia que por razón de cercanía, variedad de orígen y falta de fin bastante, no intenta en sus islas propias...

Martí, que de ser venezolano sería "blanco de orilla", isleño de madre, nos conoce perfectamente. Entiende incluso a los compatriotas que dan su apoyo al opresor español allá y aquí, entonces y hoy, a aquellos de los que diría Secundino que "es doloroso ver hermanos nuestros por quienes derramaríamos gustosos hasta la última gota de sangre, laborando contra nosotros, y sirviendo de instrumento al adversario común, quién se esfuerza por lanzarnos al abismo." (¡Mis canarios!. El Guanche nº 5. Caracas). Para ellos continúa Martí: Del bien raíz suele enamorarse el hombre que ha nacido en la angustia del pan, y cultivó desde niño con sus manos la mazorca que le habría de entretener el hambre robusta; por lo que ha salido el isleño común, mientras no se le despierte su propia idea de confusa libertad, atacar, más que auxiliar, a los hijos de América, en quienes el gobernante astuto les pintaba el enemigo de su bien raíz. Pero no hay valla al valor del isleño, ni a su fidelidad, ni a su constancia, cuando siente en su misma persona, o en la de los que ama, maltratada la justicia o que ama sordamente, o cuando le llena de cólera noble la quietud de sus paisanos.¿Quién que peleó en Cuba, donde quiera que pelease, no recuerda a un héroe isleño?. ¿Quién, de paso por las islas, no ha íido con tristeza la confesión de aquella juventud melancólica?. Oprimidos como nosotros, los isleños nos aman. Nosotros, agradecidos, los amamos.

Martí termina este escrito (Patria. 27 agosto 1892) diciendonos: Pronto va a tener Montesinos la ocasión suspirada de servir a Cuba. El Montesinos martiano, de quién me dicen amigos cubanos que, probablemente, era gomero de nacimiento y murió en la "Guerra Grande", no pudo luchar por la independencia de su propia patria, pero ayudó a plantar en ese hogar de exilio la semilla de la libertad cuando se le despertó su propia idea de confusa libertad como analizaba Martí. Desde Secundino esa semilla libertaria, esa idea, ya no confusa, de libertad e independencia nacional, ha arraigado en nuestro propio suelo y hoy, cualquiera de esos canarios liberadores de naciones y continentes sometidos al yugo español, estarían en esta su patria luchando por nuestra independencia, por nuestra soberanía nacional. Por eso hoy, sin negar el apoyo a las luchas que muchos pueblos de la humanidad tienen emprendida por su futuro y libertad, tenemos que proclamar que nuestro primer y primordial objetivo es una Canarias Libre. Por eso, aquí y hoy, Solidaridad empieza por la C de Canarias.

Francisco Javier González

 
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