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Sobre un prólogo de la profesora Llarena

Leo en el prólogo al libro El crimen perfecto, del poeta Federico J. Silva, que la profesora de la ULPGC Alicia Llarena vierte los siguientes juicios:

“Tiene un carácter innovador (la poesía de Silva) del que pronto se contagiaron algunos de sus coetáneos (Pedro Flores y Tina Suárez)”. Para rematar el desacierto afirma más adelante con cadencia de bolero: “caprichoso avatar del destino que recompensa al maestro mediante el éxito de los pupilos”.

Ante tal despropósito, y ajeno a mi costumbre, me veo en la obligación de hacer algunas aclaraciones a la profesora Llarena:

1.- Las obras de Federico J. Silva y Pedro Flores surgen independientemente, sin tener conocimiento el uno del otro; precisamente de ese encuentro nace una plaquette que con el título Tripas y corazón publica el Departamento de Cultura y Debates del Cabildo grancanario. Eso sucedió a comienzos de 1994 y ya por entonces apuntaba en las páginas de La Provincia Antonio Perdomo que estábamos ante poetas “de distinta escuela”. Parece que lo que Perdomo vio con claridad hace casi quince años, con un puñado de poemas escritos, no lo ve la catedrática Llarena después de más de veinte libros entre ambos poetas. El mismo año publico mi primer libro, Simple condicional (primero individual de alguno de los dos). Si no recuerdo mal es el mismo Silva quien regala un ejemplar a la profesora Llarena (que yo no conocía) firmando él mismo una dedicatoria que decía después de las cordialidades “Este es un libro que me hubiera gustado escribir”.

2.- Nuestra concepción de la poesía y nuestro estilo de expresarla ha sido, desde entonces, bien diferenciado por numerosos críticos y escritores, que así lo han hecho constar en más de una ocasión. La misma profesora Llarena presenta al II Congreso de Poesía Canaria del Ateneo de La Laguna (1996) una ponencia que con el título Signos saludables en la reciente poesía insular tiene como objeto de estudio las obras de, efectivamente, Silva y Flores, en la que en ningún momento expresa algo tan importante para el estudio en cuestión como una relación de “pupilaje” entre ambas poéticas. Más bien todo lo contrario; dice Llarena, en referencia al “sentido arriesgado y singular” de la poesía de Silva que “de Pedro Flores no puede decirse menos”. Tal vez era la profesora Llarena más sagaz en aquel tiempo, o menos malintencionada.

3.- Efectivamente, como autores que comparten un medio físico y un tiempo histórico, evidentes son las concomitancias temáticas o las referencias a autores del agrado de ambos, pues lo intertextual juega un papel importante en ambas concepciones, pero reto a la profesora Llarena, textos en mano, a que investigue la dirección de las “influencias”, no sólo en lo tocante al señor Silva, sino también a otros autores, algunos muy cercanos a ella. No es, a mi juicio, lícito ni serio utilizar la Literatura, que algunos amamos, para dirimir o vengar supuestos desaires de otra índole.

4.- Bien sabrá la profesora Llarena de “pupilaje”, puesto que se ha visto incluida en una nómina, corriente o para algunos (sin exactitud) generación sin una obra literaria (publicó un lejano y muy mediano libro de poemas en 1997). Es su posición académica la que la mantiene como escritora y juez de escritores sin serlo. Su nombre aparece continuamente al lado del de autores que tienen una abundante producción, como ya apareció en otro supuesto brote generacional acaecido en los ochenta, con el mismo resultado en cuanto a producción que ahora.

5.- En la Literatura, profesora, si uno tiene maestros, generalmente se honra en reconocerlos. Yo reconozco a muchos, de Homero a Borges, pero no está el poeta Silva en mi amplia nómina de maestros. Sí que admiro parte de su obra, como he expresado por escrito en numerosas ocasiones, antes, por cierto, de que lo hiciera usted. También el señor Silva ha escrito elogiosamente de alguno de mis libros, y nunca se ha arrogado ningún magisterio sobre ellos. ¿Por qué permite ahora que su libro sirva de campo de contienda de asuntos que no tienen que ver con la Literatura?

6.- La Poesía, profesora, es un destino, que dijo Borges, un riesgo supremo y prolongado, según Berryman, la última casa de misericordia, como hace poco leí emocionado a Margarit. No tolero que juegue usted con ese destino, ese riesgo, esa misericordia. Para usted quizás sólo sea una muletilla, una impostura, un suplemento ornamental para su quehacer burocrático, pero algunos nos tomamos esto en serio; quiero decir, profesora, la Poesía.

Pedro Flores

 
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