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Paracaídas e ideas sobre la ciencia

Las mentes son como los paracaídas: como mejor funcionan es cuando están abiertas. Poca gente está abierta al debate sobre la educación científica de nuestros ciudadanos y sobre las graves consecuencias que el analfabetismo científico puede tener para el futuro de nuestra sociedad. No es tradición en este país hacer encuestas para conocer cuál es la opinión que tiene la gente sobre la ciencia y si entienden los hechos y datos científicos. Aunque en los últimos veinte años la ciencia ha avanzado una barbaridad, como dice el dicho popular, y si bien la mayoría de los ciudadanos está muy interesada en la ciencia, la realidad es que no parece que la gente entienda claramente muchos conceptos básicos de ciencia y tecnología. En el proceso de modernización de las sociedades es necesario contar con una población educada en términos científicos y tecnológicos para que puedan participar, opinar y decidir sobre los temas más esenciales o polémicos que son determinantes para subirse al carro del progreso. Las estimaciones recientes en nuestro país retratan una sociedad que recibe información científica pero que no sabe asimilarla o no sabe muy bien qué significa.

Sólo el 15 por ciento de los adultos consideran que están bien informados. Algo más de un 70 por ciento de los españoles sabe que la Tierra gira alrededor del Sol pero menos de la mitad sabe cuánto tiempo tarda la Tierra en completar su órbita. Muchos jóvenes y adultos tienen dificultad para citar de forma ordenada los colores del arco iris. En un mundo en el que los medios de comunicación hablan continuamente de los peligros de la radiación, sorprende que menos del 10 por ciento de la gente sepa definir la radiación o la radiactividad. La mayoría de los adultos tienen una visión de la prehistoria que recuerda la versión de los dibujos animados o la serie televisiva de los Picapiedras, con personas y dinosaurios viviendo hombro con hombro. Se ha hablado mucho en estos días del cambio climático y sus consecuencias, pero muy pocos son capaces de enumerar las tres mayores fuentes de obtención de energía en nuestro país. Y aunque el interés en temas médicos es muy alto, más de la mitad de las personas siguen creyendo que los antibióticos pueden combatir las enfermedades producidas por virus.

La confusión sobre hechos científicos es comprensible a pesar de que no sea deseable. ¿Deberíamos extrañarnos por el hecho de que la mayoría de la gente no sepa definir lo que es una molécula, si la población no percibe que las moléculas sean importantes en la vida diaria? Pero es que la mayoría de la sociedad no comprende el proceso científico y desconocen el significado de riesgos y probabilidad en las investigaciones, ni lo que significa un estudio científico cuando lo menciona un periodista en los medios de comunicación. En varias encuestas se ha visto que más del 80 por ciento de los encuestados no sabe distinguir aquellos hechos que son fruto de investigaciones rigurosas de las anécdotas, opiniones o noticias informativas que no han sido exploradas o contrastadas mediante el método científico. En ese sentido es preocupante que los medios de comunicación hayan alimentado en muchas ocasiones la falsa esperanza en milagros que van a surgir de un día para otro y que resolverán todos nuestros problemas de salud en un futuro muy próximo, algo que es perjudicial no sólo para pacientes y familiares sino para los propios investigadores, para las instituciones científicas, para los hospitales, para la administración sanitaria y para los propios sistemas de salud.

Decía Francis Bacon que conocimiento y poder son sinónimos. El siglo XX le dio la razón a Bacon. Pero en el siglo XXI, una sociedad desinformada científica y tecnológicamente, es una sociedad que temerá arriesgarse a los cambios para la modernización y el progreso que puedan sugerir y decidir sus representantes políticos. Aunque la ciencia y los científicos siguen teniendo el respaldo mayoritario de la población, empiezan a parecer actitudes incendiarias en contra de la ciencia. Los científicos, ingenieros, matemáticos, biólogos y tecnólogos deben implicarse más con el proceso de democratización del conocimiento mediante la publicación de artículos, impartiendo conferencias, participante en debates y organizando grandes eventos para informar de los hechos y mitos relacionados con los temas sociales, médicos, tecnológicos, biológicos, medioambientales, demográficos y políticos más polémicos del momento. Una sociedad informada e independiente podrá debatir cualquiera de estos temas sin llegar a inflamarse por la innecesaria confrontación política.

Varios estudios confirman que cuanto más educada científicamente es una sociedad, mayor apoyo existirá para el fomento de la ciencia y de la investigación científica. Sólo las sociedades comprometidas con la educación y la ciencia progresarán en el siglo XXI. Cuando los paracaídas y las mentes se abren, nuestros hijos y nietos pueden tener un aterrizaje seguro. Buen día y hasta luego.

(*) Jesús Villar es director de la Unidad de Investigación del Hospital de la Candelaria, de Santa Cruz de Tenerife, e investigador asociado en el Mount Sinai Hospital Research Institute de Toronto (Canadá).


(Fuente: La Provincia)

Jesús Villar - jesus.villar

 
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