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AHORA EL PUEBLO. El tiempo pasa, los ideales revolucionarios... No (2ª parte)










Hablábamos la semana pasada, a propósito de la presentación el pasado 28 de abril de los candidatos de Unidad del Pueblo en el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas, de un chiquillo preguntón que comenzó a preguntar y a preguntarse con catorce años. Decíamos que ese chiquillo ahora viste canas añejas de tiempo, lucha y dolor, pero también repletas de inconformismo. Canas fieles a ellas mismas; por algo se formaron hace tantos años.

A este chiquillo lo dejamos, ya con diecisiete años, en una triste celda, en un sótano de algo que ahora es "Sede de una Comunidad Autónoma"; y lo dejamos contando, uno a uno, los cuadraditos de gresite con el que estaban forradas las paredes manchadas de sangre de aquella mazmorra. Decíamos también que los sicarios del "Gran Hermano" y como estudiada forma de tortura, no cesaban de golpear con sus porras la puerta de ese "zulo legal" y cómo el chiquillo temía que abrieran sus puertas y lo sacaran de la celda...

El muchacho sabía que dos pisos más arriba lo estaría esperando unas gafas pegadas a una cara sin rostro y una calva incrustada a un descerebrado: Yagüe, el más sanguinario torturador de la Brigada Político Social; un Yagüe que se hacía acompañar de un macarra chulo y frío conocido por Billy el Niño. La puerta se abrió en varias ocasiones y en cada una de ellas el chiquillo sólo sabía acumular miedo y más miedo. Ya una vez en la calle, reconfortado y cegado por los rayos de un sol tanto tiempo ausente, el muchacho no sabía qué hacer, si abandonar las preguntas y la lucha o seguir exigiendo respuestas. Terco el chiquillo, con más temor que vergüenza, optó por seguir siendo la "mosca cojonera" (una más) de aquel sistema.

Pasó el tiempo y el muchacho siguió curtiéndose en la rebeldía y en la forma física. Siempre le tocaba correr delante de los sicarios del "Gran Hermano" y de sus caballos. Alguna paliza que otra, alguna desaparición forzada, algún despido del puesto de trabajo por "rojo", el domicilio siempre vigilado, la correspondencia intervenida...

Muere el "Gran Hermano" y llega lo que se llamó "reconciliación o transición", que no fue otra cosa mas que un traspaso de poderes. Pero bueno, el chiquillo que seguía creciendo, pensó que ahora las preguntas las podría hacer en voz alta y sin miedo; además podría preguntar a los propios camaradas de preguntas. Estos camaradas comenzaron a padecer alzheimer y a olvidarse de tantos chiquillos que habían sufrido y luchado buscando respuestas. Parecía aquello una ironía por no decir una gran mentira: ahora que se podía preguntar sin miedo, de nuevo nadie daba respuestas, ni los camaradas querían saber nada excepto de otra cosa que no fuera preparar, previamente adoctrinados, el asalto al "Palacio de Invierno".

El muchacho es expulsado por preguntón de la Cofradía de los expreguntones y se queda solo preguntándose a sí mismo. Pero todo lo aprendido anteriormente le sirvió para mantener intacta la resolución de resistir. Hasta que de nuevo llegan más sirenas, más carreras, más porrazos, más golpes, más preguntas, más bofetadas, más... calabozo. El chiquillo, que seguía haciéndose mayor, ahora si que ya no entendía nada de nada. "¿Pero joder por qué esto si ahora en el sistema mandan aquellos que decían haber leído a ese tal Marx y a un tal Lenin?"

No hay respuestas, como antes; siguen las golpizas, las porras, las preguntas y las bofetadas, como antes. "¡Hijo de puta comunista, Franco no ha muerto para nosotros!"... Como antes. Al chiquillo le aplican una ley que hablaba de antiterrorismo y lo quieren meter de nuevo en otra celda. Esta vez la cosa es acongojante: dos años y un día por reclamar respuestas y quince días más de regalo para que escarmiente el muchacho. No se diferenciaban en nada los sicarios de antes con los de ese momento; tampoco los que ocupaban el "Palacio de Invierno" con los que habían leído a Marx.

Así las cosas, el chiquillo decide que ya no habrá más preguntas pero sí que habrá respuestas. Él intentará darlas a su manera (para algo aprendió a correr delante de los caballos y de las lecheras). Y en eso está aquél chiquillo que ahora viste canas; ese chiquillo que volvió a serlo el pasado 28 de abril con los compañeros de Unidad del Pueblo. Ese chiquillo que se reconoció y se emocionó con un compañero que también fue chiquillo; compañero ya mayor que como el muchacho que sigue llevando dentro, como rebelde que sigue siendo, se levantó en aquel Auditorio, puño en alto, diciéndonos a todos que tenemos que seguir siendo "moscas cojoneras" y, sobre todo, seguir preguntando y exigiendo respuestas. Gracias chiquillo compañero Teodoro Santana senior.

Agustín Mora

 
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