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La biodiversidad marina sufre una tasa de pérdida cinco veces mayor que la terrestre

Dicen los biólogos marinos que conocemos mucho menos de los secretos que oculta el fondo del mar que de la Luna, o algunas planetas más lejanos. Pero la situación en los fondos abisales no está exenta de preocupación.

Según el estudio La exploración de la biodiversidad marina, elaborado por la Fundación BBVA, "se necesitarían de 250 a 1.000 años para finalizar el inventario de las especies marinas, con el riesgo de que para entonces muchas de ellas se habrán perdido definitivamente".

La investigación presenta los resultados de las investigaciones oceanográficas más avanzadas y los trabajos que se están realizando para conseguir un inventario completo de las especies marinas de nuestro planeta, así como los desarrollos tecnológicos y científicos que hacen posible esta exploración.

La principal conclusión es que la exploración de los ecosistemas marinos todavía se halla en sus comienzos, debido fundamentalmente a las limitaciones tecnológicas asociadas a la exploración oceanográfica.

Por esta razón, los océanos aún siguen deparando sorpresas en sus hábitats más remotos y extremos, en los que se están llevando a cabo constantes hallazgos.

Los océanos, con una extensión de 361 millones de kilómetros cuadrados y una profundidad media de 3.730 metros, cubren el 71% de la superficie del planeta.

Asimismo, los primeros fósiles conocidos, datados en 3.500 millones de años, corresponden a organismos marinos; y las primeras especies animales también aparecen en el mar hace 640 millones de años (las primeras especies animales terrestres aparecieron hace 400 millones de años).

No obstante, a pesar de haber contado con más tiempo para diversificarse, los organismos marinos suponen tan sólo el 2% de las especies conocidas.

Respecto a las estimaciones sobre el número de especies marinas todavía por describir, Diana Walker, profesora de la Escuela de Biología de la Universidad del Oeste de Australia, considera que, a la velocidad actual de descripción de especies, se necesitarían de 250 a 1.000 años para finalizar el inventario de biodiversidad marina, con el riesgo de que para entonces muchas de estas especies se habrán perdido definitivamente.

Según los últimos datos disponibles, cada año se describen 1.635 nuevas especies marinas y, en la actualidad, existen del orden de 230.000 a 250.000 especies de organismos marinos descritos; estas cifras indican que la biodiversidad marina representa el 15% de la biodiversidad global descrita (aproximadamente, 1,6 millones de especies).

El estudio ofrece también comparaciones entre el sistema terrestre y el marino: El retraso en la investigación sobre la biodiversidad marina es enorme en comparación con la biodiversidad terrestre (el volumen de estudios científicos terrestres es diez veces superior al de estudios marinos).

Un retraso que se hace también patente en el ámbito de la conservación, pues los arrecifes de coral y las praderas submarinas sufren una tasa de pérdida cinco veces superior a la de los bosques tropicales y, a pesar de ello, el área marina protegida es inferior al 0,1% de su extensión, frente al 10% de protección de la superficie terrestre.

Por otra parte, el número de especies marinas cultivadas tras sólo 30 años de acuicultura intensiva supera con creces a las especies animales terrestres sujetas a explotación después de casi 10.000 años de actividad ganadera.

Las profundidades marinas son el mayor ecosistema de la Tierra, pues casi el 50% de la superficie de nuestro planeta se encuentra por debajo de los 3.000 metros de profundidad. Además, albergan uno de los mayores reservorios de biodiversidad.

Dos de los científicos que colaboran en esta obra de la Fundación BBVA, Eva Ramírez, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar (CSIC), y David Billett, del Centro Oceanográfico Nacional del Reino Unido, centran su participación en el estudio de las montañas submarinas y las llanuras abisales.

Consideran que existen cerca de 100.000 montañas submarinas que superan los 1.000 metros de altitud en el conjunto de océanos de la Tierra, y muchas más de menor altitud.

No obstante, únicamente se han muestreado cerca de 350 y sólo un centenar se han estudiado con el detalle suficiente para saber que en las montañas submarinas se produce una elevada productividad, se concentran grandes reservas de peces con valor comercial y la fauna bentónica es muy diversa.

Igual que sucede con otras zonas de terreno difícil, se sabe poco de la biodiversidad, distribución y funcionamiento de las montañas submarinas.

Lo que sí han podido constatar los científicos, según Ramírez y Billett, es que la pesca en las proximidades de las montañas submarinas ha sido muy intensa en las últimas décadas y que ello podría tener graves consecuencias a largo plazo sobre la biodiversidad de un ecosistema aún por clasificar.

Actualmente, con la ayuda de nuevos estudios basados en medios tecnológicos como los vehículos de control remoto (ROV), o las cámaras incorporadas a remolcadores de grandes profundidades, los científicos están ampliando el conocimiento sobre estos ecosistemas con el objetivo de adoptar medidas para favorecer su adecuada gestión y conservación.

 
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